30 de mayo de 2019
30.05.2019
La Opinión de Murcia
Espacio abierto

Las damas del teatro aúreo

Estas comediantas subieron a las tablas sabiendo que eso las podía condenar al ostracismo social por ser provocadoras de escándalos y actos promiscuos, y muchas terminaron retirándose a conventos como única alternativa

29.05.2019 | 19:15
Las damas del teatro aúreo

El pasado otoño, la Biblioteca Nacional de España inauguró una exposición dedicada a Lope y al teatro del Siglo de Oro. La muestra, además de audiovisuales y objetos de la época, presentaba manuscritos autógrafos de Lope y otros documentos relacionados con uno de los capítulos más destacados de nuestro pasado cultural y de la dramaturgia universal por sus cualidades artísticas.

Entre los documentos expuestos llamó nuestra atención un memorial presentado el 20 de marzo de 1587 por un grupo de catorce actrices, encabezadas por Mariana Vaca y Mariana de la O, al Consejo de Castilla contra la prohibición a las mujeres de representar. En su escrito, las actrices alegan que la medida decretada en 1586, que prohíbe representar a las mujeres por provocar la lascivia, produce situaciones de mayor escándalo: los actores viajan sin sus mujeres y en determinadas escenas deben tocar a otros atractivos actores que encarnan personajes femeninos. En el memorial, las actrices adoptan el mismo tono moralizante que la prohibición para justificar su presencia en las tablas, alegando que se evitarían escenas de travestismo que fomentaba el 'pecado nefando'.

Se trata del primer documento conocido en que unas actrices toman la palabra, como profesionales y en primera persona, para reivindicar su derecho a permanecer en los escenarios. A él le siguieron otras tantas peticiones presentadas al Consejo de Su Majestad a lo largo de 1587.

Ninguno de ellos obtuvo un efecto inmediato, pues no fue hasta noviembre del mismo año cuando se levantó la prohibición. Esta es la fecha 'oficial' de la incorporación de la mujer como actriz en España: el 17 de noviembre de 1587, cuando el Consejo de Castilla autorizaba la presencia de mujeres en los escenarios, tras haber recibido una petición de la compañía italiana de I Confidenti.

Con este decreto se levantaba la prohibición que ordenaba «a todas las personas que tienen compañías de representaciones no traigan en ellas para representar ningún personaje muger ninguna, so pena de zinco años de destierro del reyno?».

Esta autorización ponía varias condiciones a las actrices: tenían que estar casadas e ir acompañadas de sus maridos y debían representar «en hábito y vestido de mujer y no de hombre». Además, se prohibía que los muchachos representaran vestidos de mujer; condiciones indicadas en el memorial presentado por las catorce actrices.

Aunque se sabe que dichas cláusulas no siempre se respetaron puesto que hubo mujeres que interpretaron vestidas de hombres, incluso asumiendo con éxito la función de 'galanes', como la Baltasara, y algunas eran solteras, el alzamiento de la prohibición dio lugar a que algunas compañías empezaran con premura a «buscar en cualquier lugar mujeres casadas 'representantas' que se incorporasen a sus compañías? para acordar con ellas y sus maridos lo que el autor les tuviera que pagar por representar».

A partir de esta fecha, se sucedieron nuevos intentos de expulsar a la mujer de la escena, como la de 1596 que coincidió con el cierre de los teatros durante el luto decretado tras la muerte de Felipe II dos años después, por lo que fue muy duradera.

Pero, ¿es en esta fecha oficial cuando las mujeres se incorporan al oficio teatral? Aunque existe un elevado número de noticias documentales que confirman que la presencia de las mujeres en el teatro del Siglo de Oro en España fue muy relevante, la incorporación se produjo de forma gradual y lenta, al no ser considerada sujeto legal en los siglos XVI y XVII y a la mala reputación que pesaba sobre la vida de los actores. Aun así, tenemos nombres de mujeres que destacaron tanto como actrices o como autoras de comedias o directoras de compañías.

Se sabe que hacia 1500 las damas de palacio, como amateurs, representaban espectáculos y farsas pastoriles y que Mariana de Rueda, antes de casarse con Lope, destacaba como 'gran cantora y bailadora' desde 1546, por lo que podría haber colaborado más tarde con su marido en las representaciones. En la década de los 50, se documentan nueve actores en activo, y una mujer, Beatriz, aunque no está claro si participó en una comedia como actriz o cantante-bailarina. A finales del siglo XVI, el número de actrices asciende a 48.

Muchas de estas actrices se hicieron famosas como profesionales de las tablas, protagonizando los escenarios de la época y así lo atestiguaron sus contemporáneos quienes destacan a un grupo de 'mugeres' consideradas 'insignes representantas': María Navas, Francisca Baltasara o la Baltasara, María Calderón o la Calderona, María de Córdoba o Amarilis, Bárbara Coronel, Isabel Hernández o la Belera, Jerónima de Burgos, Jusepa y Mariana Vaca, Ana Muñoz, entre otras casi trescientas.

Del triunfo de algunas de ellas da cuenta el hecho de que estrenaran piezas de prestigiosos autores, como María de Córdoba a quien Lope de Vega homenajeó en el primer acto de una de sus comedias; que fueran premiadas por su interpretación como es el caso de María de Riquelme; que fueran solicitadas asiduamente en festejos teatrales, como Bernarda Manuela, la Grifona, quien participó en 21 ocasiones en los autos madrileños; y que muchos de los textos teatrales se escribieran para determinadas actrices.

Además de actrices y/o autoras, se conocen casos de mujeres que ejercían labores administrativas y de producción, en calidad de 'apoderadas', pues recibían el poder de un familiar masculino.

Como en la mayoría de los oficios, la vinculación de la mujer al teatro dependía, sobre todo al principio, de su vinculación a una figura masculina, es decir, accedieron al teatro desde dentro, eran las llamadas 'hijas de la comedia'. Algunas de ellas, como María de Navas, se desligaron del vínculo masculino y ejercieron la actividad teatral por cuenta propia, contra ley.

Estas comediantas subieron a las tablas sabiendo que eso las podía condenar al ostracismo social por ser provocadoras de escándalos y actos promiscuos, y muchas terminaron retirándose a conventos como única alternativa.

Son ejemplos de mujeres inquietas, apasionadas por su oficio, que quisieron experimentar en las vidas de sus personajes lo que no les estaba permitido y que interpretaron y pusieron en escena Rosauras, damas bobas, Laurencias y a tantas otras.

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