27 de mayo de 2019
27.05.2019
El castillete

Ausencias de una campaña

Quizá sea hora de ir hablando de federalismo, es decir, de competencias fijas y definidas para los territorios, así como de su financiación, sin excluir la asimetría de ese marco federal que la propia Constitución avala

27.05.2019 | 01:27

Cuando estas líneas se publiquen, ya conoceremos los resultados de las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Independientemente de ello, en el momento en que redacto esta columna sí se puede afirmar que la campaña que ha desembocado en los comicios de ayer ha adolecido, una vez más, de no abordar las cuestiones estructurales y de fondo que afectan a los municipios, al marco autonómico y al futuro de la Unión Europea.

La mayoría de fuerzas políticas y candidatos se han limitado a pedir que se les vote para mejorar las cosas, afrontando estas elecciones como una suerte de segunda vuelta de las generales que se celebraron hace un mes. Muy pocos han adoptado un tono municipalista para denunciar la situación general de nuestros Ayuntamientos en lo tocante a los recursos de los que participan y a las competencias que de facto asumen; a casi nadie se le ha escuchado hacer mención a la crisis del modelo de financiación autonómica y, por extensión, a la del modelo territorial del Estado Español; y, en fin, muy poco se ha dicho de la zozobra por la que atraviesa el proyecto de construcción europeo, que se debate entre la restitución, plena o parcial, de las soberanías nacionales y el avance hacia un federalismo cuya orientación social y económica está por dilucidar.

Comenzando por la Administración más cercana a la ciudadanía, los Ayuntamientos, llama poderosamente la atención que no se haya mencionado en la pasada campaña que las entidades locales estén asumiendo el 15% del gasto que corresponde otras Administraciones. Se llama asunción de competencias impropias, y que estaría, en buena medida, en el origen de la deuda importante que arrastran los Ayuntamientos de este país. En la misma dirección, encontramos que esta institución participa en un 15% del gasto público, cuando desde el inicio de la transición democrática el municipalismo reivindica que esa participación se eleve al 30%. De este modo, quedaría superada esa asimetría de las competencias impropias y posibilitaría que los Consistorios dispusieran de los recursos necesarios para asumir con eficiencia las competencias en escuelas infantiles, dependencia y servicios sociales. Por último, una cuestión que no es baladí: buena parte de la corrupción y del mal gobierno, fundado en los sobrecostes de obras y servicios, así como en las privatizaciones, se ha producido en los Ayuntamientos. Quizá sea necesario el establecimiento de controles por abajo (sociedad) y por arriba (Comunidad Autónoma y Estado) a fin de que, sin merma de la autonomía municipal, exista una mayor regulación respecto de las relaciones entre alcaldes y determinados funcionarios municipales, que acote la implementación de determinadas prácticas irregulares imposibles de llevar a cabo sin la necesaria aquiescencia administrativa.

En el campo de la autonomía regional, sigue sin acometerse la puesta en marcha de un sistema estable de financiación. Ésta sigue estando al albur de las legislaciones temporales y cortoplacistas del Gobierno de turno. No existe un sistema estructuralmente sólido, con vocación de permanencia, que se sustente en un modelo territorial español en el que todas las Comunidades autónomas se sientan a gusto. Quizá sea hora de ir hablando de federalismo, es decir, de competencias fijas y definidas para los territorios, así como de su financiación, sin excluir la asimetría de ese marco federal que la propia Constitución avala en la medida que habla de nacionalidades y regiones. En el caso murciano, siempre se ha esgrimido el factor población como exponente de nuestro déficit de ingresos. En todo caso, hay que institucionalizar la estabilidad y la justicia fiscal (que en última instancia se da entre personas, no entre territorios) para que la financiación autonómica deje de ser objeto de debate (que en realidad no lo ha sido en estas elecciones).

Por último, ha estado completamente ausente en este proceso electoral la Europa que queremos, a pesar de que desde Bruselas se condiciona buena parte de nuestra vida y trabajo. A ver si en los próximos comicios locales, regionales y europeos se habla de lo que de verdad importa en esos ámbitos.

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