26 de mayo de 2019
26.05.2019
La Opinión de Murcia
En la silla de pensar

Tafurerías

25.05.2019 | 23:07
Tafurerías

Decía Santo Tomás que el juego, ordenado por Dios y la naturaleza para descanso de las fatigas, será lícito si se toma como medio ordenado para conseguir este fin, y no como fin de las acciones humanas. Así lo recoge en un artículo el profesor Ángel Luis Molina dedicado al juego de dados en la Edad Media. Decían los moralistas medievales que jugar cumple una función social y por tanto es necesario para evitar que la gente se convierta en agreste y dura como ya había apuntado Aristóteles. Pero cuando el juego conlleva la apuesta ya no es tan beneficioso para la sociedad.

Uno de los juegos de azar más antiguo pudiera ser el de los dados. En la Odisea se habla de como jugaban a los dados en la puerta de la casa de Ulises en Ítaca. En Castilla tenemos a nuestro Rey Sabio elaborando en 1283 el Libro de los juegos de ajedrez, dados e tablas. O sea que el juego en los adultos ha existido siempre. Las apuestas han supuesto para las autoridades de todos los tiempos un quebradero de cabeza que se ha solucionado como se soluciona todo, dando tumbos de unas opciones a otras. En los momentos de mayor intransigencia moral el juego de azar y las apuestas que en toda la península estaban centralizadas en las tafurerías se prohíbe absolutamente e incluso se convierte en delito jugar a dados, naipes o hacer rifas en los domicilios particulares. La pena por estas infracciones podían variar desde una pequeña multa monetaria si te pillaban la primera vez, a que le cortasen al infractor dos dedos de lengua en travieso si era la tercera vez, como se indica en el Ordenamiento de las Tafurerías que manda redactar Alfonso X en 1276.

En la Corona de Aragón, en tiempos de Alfonso IV, se sanciona no solo a los jugadores sino también a los espectadores. En otras ocasiones la autoridad competente, siempre la Corona y el municipio por delegación, ve el juego de azar como fuente de ingresos. C0mo no puede evitarlo es mejor sacar partido de ello, tal como Pedro I defendió. Es entonces cuando se dictan las disposiciones en cuanto a cómo se deben gestionar las casas de juego, quién las arrienda y qué parte se entrega al fisco. En Murcia, la subasta de este y otros oficios se realizaba en la plaza de Santa Catalina y el Concejo consigue durante varios años que la corona conceda un tercio de las ganancias de la tafurería para mantenimiento de la muralla.

Se jugaba en cualquier parte, en las plazas, en las ermitas, en los cruces de caminos, en las casas particulares? cualquier momento de asueto (y si era de noche mejor) durante la Edad Media y buena parte de los tiempos modernos, era usado para ir a la taberna o a la tafurería y por eso las autoridades procuraron controlar estas situaciones en las que el vino y las apuestas llevaban a los insultos, las peleas y al desorden público. Jugaban hombres y mujeres, sin distinción de grupo social ni credo y la ruina económica que las apuestas suponía era un añadido para su control.

En las Cantigas aparecen varios hechos relacionados con tahúres y con las blasfemias que en estos lugares se cometían contra 'la corte celestial'. Uno de esos relatos está protagonizado por una mujer que jugaba a los dados en la iglesia y que en un momento de ira por haber perdido tiró una piedra a una imagen de Santa María con el Niño.

El juego de azar sigue siendo un problema en nuestros días, las tafurerias modernas no están solo en nuestros barrios, junto a parques, escuelas e institutos, sino que también están en internet y son una fuente de ingresos enorme para el Estado. En estos días de campaña nos han dicho que hay que regular las casas de apuestas, el lugar, el horario y características de estos espacios que están proliferando. En Las Partidas, en el siglo XIII, se toman medidas contra los juegos de apuestas, se asimila a los tahúres con delincuentes e incluso se advierte de que los delitos que se cometiesen entre vellacos y hombres de mala vida, entre ellos quedaba.

Los lugares de apuestas dicen que no deben estar junto a lugares frecuentados por niños, ni tener horarios incomprensiblemente extensos y, sin embargo, estamos viendo construir un templo inmenso dedicado al juego junto a los centros comerciales más frecuentados por familias y no pasa nada? En fin.

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