24 de mayo de 2019
24.05.2019
Mamá está que se sale

Votemos

23.05.2019 | 23:05

Yo ya he votado por correo. Lo he hecho así últimamente, y no sabes lo tranquila que paso el día de las elecciones, como si no fuera conmigo. Además, como normalmente transcurren unos días desde que mando mi sobre hasta el día de las elecciones, cuando llega el momento ya se me ha bajado la euforia electoral, y afronto con más realismo el resultado.

Pero no sé qué me pasa: cuanto más mayor, más me lo pienso, voy indecisa total. Me estoy volviendo muy confiada, porque todo lo que oigo me parece súper razonable. Por ejemplo, lo de Pablo Iglesias de que la sanidad pública no puede depender de limosnas. Pues estoy de acuerdo, aunque, aun así, menos mal que ha aparecido Amancio Ortega con sus máquinas, y qué pena que este hombre sea irrepetible (por su condición de ser humano, que ya sabes que somos únicos). Luego, he leído a mi amigo Adolfo, que dice que no las ha donado para evitar pagar impuestos, como dice Pablo Iglesias, y que, de ser así, pues ahí está la Agencia Tributaria para hacer su trabajo, que Hacienda somos todos. Pues también estoy de acuerdo. Vaya por Dios, entonces qué.

Luego está el modo 'desencriptemos la vida normal' en que están puestos los medios de comunicación. He oído varias versiones de cómo fue el encuentro, en el ascensor del Congreso, de Pablo Iglesias con Santiago Abascal, y que, para desilusión de muchos, no terminó a puñetazos ni a insultos. Que fue cordial, dicen. Y también hay quien asegura haber escuchado a Pedro Sánchez pactar con un independentista, durante los segundos en que se apretaron la mano. Qué hábil hay que ser para descifrar lo que pactaron, mirando desde fuera. Bien es verdad que ayuda mucho el tener un ojo de por sí independiente, siempre jugando al despiste.

Pero también está la vida real. La gente de derechas, de izquierdas, de más para allá de la derecha y de más para allá de la izquierda. Yo, si mal califico a alguien, créeme que no es por su afiliación política, que el Señor se la guarde. Es más, he conocido 'rojos' que rozan la santidad... Y otros que, por mucho que la rocen, no se les pegará nunca.

Así que, para decidir mi voto pensé en mis convicciones. A ver. Por un lado, mientras el aborto no sea como el matrimonio, una decisión que se toma libre y conscientemente, estaré en contra. Pero es que no entiendo cómo nos rasgamos las vestiduras porque en otros países se obligue a niñas a casarse, y si no se casan morirán, y aquí veamos tan normal que un embarazo esté condicionado a la situación económica, laboral o familiar de una mujer. Cuando hablo del aborto como una decisión libre y consciente, me refiero a libre de ataduras sociales, económicas, laborales, morales y de cualquier otro tipo. Mientras no sea así, me parece más productivo invertir en formación, en prevención, y en apoyo a quien, a pesar de todo, quiere seguir adelante. Así que por ese lado estoy en la extrema derecha.

Por otra parte, me niego en rotundo a que una sola persona más, qué digo una persona, un solo pelo de la cabeza de una persona, deje sus huesos en el fondo del mar buscando una vida mejor. Ahora estoy un poco en la izquierda, pero es que pienso que nadie emigra por gusto, como decía mi amigo Tyrone. ¿Que se causa un efecto llamada? Pues por eso es uno de los grandes retos de este siglo.

Así que, como tampoco esto me valía para decidir mi voto, he pensado en modo jurídico y he rescatado una cosa que me encanta, y que no falla: el coste de oportunidad. No hay que mirar tanto lo que se roba o se llevan en los bolsillos (en eso pienso como Adolfo: que resuelvan los tribunales) pero lo que no tiene perdón es el coste de oportunidad de no ser una ciudad pionera, avanzada y competitiva; de no crecer demográfica y económicamente de forma equilibrada; de no aspirar a más, sencillamente, en todos los aspectos. Y en esto sí me siento identificada: son las oportunidades perdidas, la ciudad que podríamos ser, las carreteras o aeropuertos que podríamos usar y, en fin, las ilusiones que como ciudadanos tenemos derecho a tener. Quién sabe si esta vez elegiremos bien.

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