24 de mayo de 2019
24.05.2019
La balanza inmóvil

Cosas de la burundanga

24.05.2019 | 04:00
Cosas de la burundanga

Uno que de siempre, y cada vez más, ha confiado en la química, más que en la comida de coco, me ratifico ante los avances de la investigación química para obtener un éxito de unas pretensiones, al amparo de esas pastillas inventadas.

Al principio, he de reconocer que no me lo creía del todo. Mi ignorancia en la ciencia y me raciocinio, me impedían reconocer que tu voluntad pueda estar en manos de la química. Solo la anestesia me convencía, pero hete aquí que me equivoqué. Una pastillita te puede llevar a hacer lo que no quieres, o mejor lo que quiere otra persona.

Ya no es un mito lo de no se qué hiperclorato que de coña se decía en mi juventud, para obtener satisfacciones prohibidas. Ya la delincuencia no va camino de temas sexuales con este producto, o sí, pero parece ser que no preferentemente (menos mal), pues lo que últimamente está dando que hablar es del dinero, de la estafa. O sea, llevarte al huerto económico contra tu voluntad. Ramona fue a darle una invitación de boda a su amiga Natalia, y ésta la drogó para robarle ('robarla', que diría Belén). Siempre se ha dicho que Dios nos libre de los amigos, que de los enemigos ya me libro yo. Pues sí, eso parece que sucedió y con siete personas más, hasta reunir 41.000 euros.

La cuestión se llama escopolamina o burundanga y desaparece a las doce horas en la orina y a las seis horas en la sangre. O te espabilas con el tiempo a reaccionar o te quedas sin pasta. El truco consiste en llevar a la víctima a un bar que esté cerca de una oficina bancaria en la que la misma tenga cuenta. Pides bebida, hábilmente le introduces la química a tu amigo/a. A continuación, la llevas al cajero de la entidad bancaria correspondiente. Saca dinero, memorizas la clave y le quitas, (aprovechando que está más para allá que para acá), la tarjeta. Y a transferirte dinero a tu cuenta bancaria, mientras la víctima se repone en un hospital donde le recetan algo para la ansiedad. Con suerte no acaba en delirio, parálisis, estupor y muerte. O sea, que la broma no tiene gracia.

Actúa como depresor de las terminaciones nerviosas y del cerebro, corazón e intestinos. Si usted se nota sequedad de boca, sed, dificultad para deglutir y hablar, pupilas dilatadas, taquicardia, le molesta la luz, amnesia temporal y somnolencia, más le vale ir al hospital y antes pedir al camarero/a unas tijeras y partir su tarjeta de crédito, porque probablemente le van a estafar o abusar sexualmente, que aún es peor.

En contra de mi habitual incredulidad en los comecocos y de las hipnosis con dedo en la frente y a dormir, está claro que al menos en la burundanga estaba equivocado. Parece que no es una leyenda y aunque no hay que alarmarse, lo cierto es que han abundado los casos últimamente. Más vale no confiarse y estar al loro de lo que se bebe, dónde y con quién se toma uno una copa. No sea que acabes en el hospital, en comisaría de Policía y con un tratamiento médico y farmacológico (esta vez legal y adecuado) por ansiedad.

En fin, que todo en esta vida es química pura y dura. Desde la cura de una enfermedad, hasta sufrir una estafa, pasando por el amor. Esa sensación que te produce tu propio organismo ante ciertas personas, que te lleva a decir que hay química entre los dos. Si no la hay, ya puedes hacer lo que quieras y dejar pasar el tiempo, que nunca la habrá. Por el contrario, si la hubo ya puede pasar lo que pase, que la seguirá habiendo. Pero eso ya son cuestiones de amor para lo que no existe medicina que las cure, ni burundanga que obligue a amar.

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