22 de mayo de 2019
22.05.2019
Panel electoral

Una silla vacía, un candidato vacío

Quien representa a un partido político no puede excusarse en la razón subjetiva individual, pues su derecho a callar como persona está limitado por su obligación a debatir como responsable político

22.05.2019 | 04:00
El atril vacío del presidente del PP en el debate electoral convocado el pasado lunes por LA OPINIÓN

Quiero empezar agradeciendo la oportunidad que ofrece al pueblo de la Región de Murcia el diario LA OPINIÓN, para dar a conocer por boca de los candidatos la situación real de nuestra Comunidad Autónoma y exponer, desde los diferentes puntos de vista ideológicos, la solución a esos problemas.

Los que hemos ejercido la actividad política, casi con dedicación exclusiva, al parlamentarismo, sabemos y en mi caso admitimos, que el adversario político no siempre hierra, que hay ocasiones en las que acierta. Y una de las virtudes del político ha de estar en admitir que, como humanos, nos equivocamos todos y que mejoramos también todos, cuando incorporamos a nuestra actividad política lo mejor de cada partido, en consonancia con las distintas sensibilidades del pueblo.

En este sentido, me gustaría que los intervinientes diésemos lo mejor de cada uno, con el único ánimo de que los debates sirvan de conocimiento al ciudadano. Dicho de otra manera, mi deseo es que al término del debate que celebramos el lunes no haya vencedores ni perdedores, que el único ganador sea el pueblo de la Región de Murcia.

Tengo que admitir que resultaba sumamente incómodo dirigirme a una silla vacía. Me sitúo en una doble duda de interpretación y una aseveración fiel. La primera duda que me asalta es si esa silla vacía no es sino el reflejo del Gobierno del que debiera ocuparla.

La segunda duda es si ese candidato no vino porque no tiene nada que decir o porque tiene mucho que ocultar. Y tercero, que no es duda, sino una aseveración, que no siempre el que calla otorga, pues si bien hay razones individuales para callar y no otorgar, razones basadas en valores subjetivos (del que puede hablar y no habla), en este caso se dan otras razones.

Quien representa a un partido político no puede excusarse en la razón subjetiva individual, pues su derecho a callar como persona está limitado por su obligación a debatir como responsable político.

En todo caso, y dentro del mundo del Derecho, en España ni la legislación, ni la jurisprudencia, fijan un criterio unánime como solución al problema a que nos contraemos, dejando al arbitrio del juez la interpretación del silencio.

En el presente caso, no estamos ejerciendo un hecho de trascendencia jurídica. Ningún cometido tendría un juez togado para dirimir este entuerto. Estamos ante un asunto público, que sólo corresponde juzgar al pueblo soberano y me da que el pueblo de la Región de Murcia, desde 2015, viene interpretando a través de las urnas, en distintos procesos electorales, lo que opina de ese atril vacío, y el pueblo no se equivoca. Es lo que se ve, un candidato vacío, una silla vacía.

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