21 de mayo de 2019
21.05.2019
La Opinión de Murcia
Carta de ajustes

Ecologismo versus 'sistema murciano depredador'

Es de esperar que el subsistema universitario marque las distancias con los subsistemas de índole depredadora; por ejemplo, reconsiderando esa colaboración, llena de asechanzas, marcada por las cátedras Universidad-Empresa

20.05.2019 | 23:29
Ecologismo versus 'sistema murciano depredador'

Tengo sosteniendo que la más permanente y firme fuerza crítica en esta tierra murciana (y en otras muchas) es el ecologismo. Una fuerza crítica frente a los numerosos e implacables procesos de destrucción que desarrolla con frenesí una economía ciega, que destaca en la destrucción del campo y el mundo agrícola (físico y cultural) así como en la colonización turística más rapaz, las infraestructuras menos justificables, etcétera. Y plantea una recriminación permanente hacia las políticas públicas nefastas y las ideas estrambóticas que se originan y cunden desde instituciones y partidos. La experiencia histórica enseña que, en esta tierra, los procesos electorales hace tiempo que sólo barruntan empeoramiento adicional en lo ecológico, lo cultural y lo moral; la miseria política regional así lo constata.

Frente a los perfiles de este 'sistema murciano depredador' que, a modo de conjunto perverso e interconectado, atenaza a la región desde hace décadas, el ecologismo se recompone y vigoriza, a tenor del endurecimiento de ese sistema enemigo, que es imaginativo en medios e insaciable en objetivos, y que se constituye en varios subsistemas entre los que destaca el del agro enloquecido.

Por supuesto que los subsistemas en primera línea del desmadre pertenecen a lo político y son el Gobierno regional y la Confederación Hidrográfica del Segura, entes desvergonzados que actúan de servidores del verdadero poder, el económico en general y el agrario en particular. El subsistema económico, por cierto, que comanda el procónsul Albarracín, no se corta un pelo y, aprovechándose de la extraordinaria indolencia y falta de pudor del poder político, impone sus criterios e intereses manipulando incluso la legislación regional. Es de admirar la entereza olímpica con que el subsistema político afronta las críticas: le da igual ocho que ochenta porque controla (o comparte) los resortes del poder y, así, su prevaricación exhibicionista trasiega, felizmente, por una impunidad dulce y segura.

No cabe duda de que el empecinamiento (la chulería, en realidad) con que estos tres subsistemas (político, económico, agrario) prosiguen la marcha hacia ninguna parte, se vería frenado si otros dos subsistemas, el policial-represor y el judicial-castigador cumplieran adecuadamente con sus funciones y deberes; y no es el caso.

Dejo al subsistema policial para otro día, mientras se produce la captura del depredador de Calnegre (que ya va siendo hora) y la denuncia de los roturadores piratas que se enseñorean de nuestra tierra de norte a sur y de este a oeste, para aludir al judicial, ese subsistema que, actuando poco, tarde y tantas veces mal, da lugar a que prosperen las insidias de los anteriores. Veremos si este subsistema, administrador formal de la Ley, supera las pruebas a que lo someten los crímenes del Mar Menor y se ven los resultados. De la indiferencia judicial ante el encanallamiento del agro y del agua deduzco que, en ese mundo tan poco transparente, impera la idea de la división de poderes, que a mí me sabe a tierna canción de cuna (y en la que no creí ni cuando estudiaba El espíritu de las leyes de Montesquieu o, más interesante todavía, la Ética de Aristóteles).

No hay verdadero (autónomo) tercer poder, y el que así se considera carece de virtualidad a la hora de la verdad ya que, al menos en la realidad española (y no digamos, la murciana), es el poder político, aun subsidiario, el que se impone a los demás. En cualquier caso, separación de poderes no significa desentendimiento y si, como sucede en nuestra tierra, el poder político delinque, se mofa de la ley y amenaza el futuro, los jueces tienen que intervenir, aunque no se lo pidan los fiscales ni les lleguen demandas, con el intermedio letrado, de los ciudadanos más airados. Si el subsistema judicial sólo está para actuar cuando se le fuerza y ya las cosas no tienen remedio, apaga y vámonos: ni representa un tercer poder, libre y responsable, ni cumple con su misión social, sino que vegeta (eso sí, en un jardín animado, selecto y elevado, ajeno y alejado, de oropeles, togas y puñetas).

El ecologismo se sitúa fuera de ese 'sistema murciano depredador', y lo combate. Y debido a su larga experiencia, espera bien poco de las instituciones (en especial, las político-administrativas), que son incrédulas, herejes y saboteadoras de toda acción o preocupación ambientales. Pero como también adolece de debilidades y contradicciones, deberá someterse a prueba cuando, una vez recompuestas las instituciones poselectorales, se le pida colaborar en abstrusos consejos asesores y comisiones-trampa de las que siempre se acaba saliendo trasquilados y en ridículo.

Y en relación con los compromisos científico-políticos, es de esperar que el subsistema universitario marque las distancias con los subsistemas de índole depredadora; por ejemplo, reconsiderando esa colaboración, llena de asechanzas, marcada por las cátedras Universidad-Empresa (como alguna que vincula a la Politécnica de Cartagena con los sindicatos de regantes, que buscan financiar el respaldo 'científico' a las iniquidades de un agro insostenible). Una creación neoliberal por la que se privatiza la enseñanza pública con la intención declarada de desviar el conocimiento hacia los intereses de empresa, itinerario por el que no está llamada la universidad pública, cuya misión es formar y sensibilizar a los alumnos, críticamente, en las necesidades sociales y las exigencias del interés público. ( Fora l' empresa de l'universitat, reclamaba una pancarta de los alumnos en el hall de la Pompeu Fabra, cuando estuve invitado hace unos meses. Me encantó.)

El movimiento ecologista, la sociedad civil reivindicativa y los partidos insatisfechos deberán plantearse, tras sesuda reflexión (del tipo de dos por dos, son cuatro) pedir al poder central un 155 ad hoc contra esta autonomía secuestrada y envilecida, y que se pueda intervenir, para sanearlos, en algunos subsistemas del conglomerado depredador.

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