21 de mayo de 2019
21.05.2019
La Opinión de Murcia
Amor a presión

Cultura para cambiar

Como ya llevas un rato imaginando el chiringuito este, lo siguiente no te va a sorprender: gran parte del presupuesto de la consejería va a parar a subvencionar lo que sus altos cargos llaman 'salud religiosa'

20.05.2019 | 23:29
Cultura para cambiar

Imagínate tú, no sé, una consejería. Poca broma, las consejerías. Mucho bacalao se corta ahí, siempre que entendamos 'cortar bacalao' como 'gestionar servicios públicos', y no me refiero a limpieza de urinarios. Cosas sin las que la sociedad se vendría abajo, educación, sanidad, servicios sociales. Esas cosas. Pues lo que te decía. Imagínate una consejería. Una importante. La de sanidad, por ejemplo. De una comunidad autónoma pequeña, sureña, arreglá pero informal, bonica del tó. Sí, Murcia, vale. Por ejemplo.

Imagínate tú esa consejería de sanidad, esos hospitales, esas ambulancias, esos centros de salud. Esos profesionales sanitarios (normalmente echando el bofe), esos cargos encorbataos, esas listas de espera, esas derivaciones a la privada. Toa la pesca. Y ahora sigue imaginando. Imagínate que a tu Gobierno regional la sanidad se la pela de tal manera que en los últimos cinco años han desfilado al frente de la consejería nada menos que cuatro políticos, alguno de ellos multiimputado. Y que ninguno de los cuatro tenía la menor experiencia o formación previas en materia sanitaria. Ni la colocación de una tirita, podían acreditar. Pero ahí, mandando.

Pero no pares de imaginar. Ahora ponle que, mientras cambiamos de consejero como quien hace zapping, hay altos cargos que siguen a bordo, a sueldo del Gobierno regional, desde hace un lustro. Uno de ellos, eterno asesor a dedo, es un tertuliano ultra sin formación que nadie sabe qué hace a cambio de sus 24.000 públicos euros al año. Otra, directora de un importante instituto sanitario, puso hace unos años a la Región en el mapa de la vergüenza al fulminar por motivos políticos a un subordinado. Uno que denunció, claro, por despido improcedente. La historia acabó con una sentencia del TSJ que condenaba a la consejería a indemnizar a Caños Guapo (nombre ficticio más o menos) por más de 16.000 euros, también tuyos y míos. La directora sigue ahí, claro. Total, solo es el dinero (y la salud) de los demás.

Si todavía no te estás poniendo malo, respira, inspira, di treinta y tres y sigue conmigo. Visualiza un poco más esta imaginaria consejería de Sanidad en la que nadie analiza necesidades ni evalúa nada, ni siquiera las campañas de vacunación. ¿Cuántos pacientes estarán en riesgo de contraer la gripe el próximo invierno? ¿Cuántas dosis harán falta? ¿Qué impacto tendrá la campaña en la salud de los murcianos y su esperanza de vida? «Ni idea, pero me comentan que los hoteles se han llenao», es la respuesta habitual por parte de los directores de hospitales y centros de salud, también nombrados a dedazo y tampoco necesariamente formados en ciencias de la salud. Peperos y ya, que eso lo cura tó.

Como ya llevas un rato imaginando el chiringuito este, lo siguiente no te va a sorprender: gran parte del presupuesto de la consejería va a parar a subvencionar lo que sus altos cargos llaman 'salud religiosa'. «Porque la religión también es salud», te repetirán como un mantra a poco que te vean flipar con el tema. El Año Santo Jubilar, por ejemplo, se paga con cargo al presupuesto sanitario público, suponemos que por las curaciones milagrosas que se producen. ¿Y cuántas curaciones milagrosas se han producido, señora consejera? Ni idea, pero me comentan que los hoteles se han llenao. Y así todo. ¿Ya lo vas pillando? Pues así.

Podríamos seguir. Podríamos imaginar a esa consejera de Sanidad recortando el horario de apertura de, pongamos, el hospital de la Arrixaca y comunicándolo con un papel pegao en la puerta el día antes. Pero pa qué. Deja de imaginar, que se acaba el artículo, y además no estabas imaginando. Toda esa ciencia ficción es real, solo que en lugar de Sanidad estábamos hablando de Cultura. En 2019. En esta Comunidad Autónoma. Para cambiar la Región (que ya toca) habrá que acercarse a votar este domingo. Las urnas, me comentan, se van a llenar.

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