17 de mayo de 2019
17.05.2019
La Opinión de Murcia
Mamá está que se sale

Taxi

16.05.2019 | 23:07
Taxi

¿Te has quedado alguna vez tirada con el coche? Yo hacía tiempo que no. Aunque no te lo creas, cuido el coche, más por temor al discurso de Antonio que a porque pegue un reventón, pero el otro día cuando fui a recoger a Elena, aunque traté de arrancarlo como diría Luis Moya, el coche no dijo ni pío. Menos mal que al menos había aparcado bien.

Me puse a pensar a quién podría llamar yo a las ocho de la tarde, qué alma caritativa querría venir a ayudarme. Antiguamente existía eso de «perdona, ¿me empujas?», pero hoy en día, la evolución digital dominante impedía que el coche se moviera ni un centímetro, ni aunque se pusiera a empujarlo el increíble Hulk. Nada. Antonio daba apagado, y mientras mi cuñado me recomendaba llamar directamente al seguro y esperar cómodamente en una cafetería, vi pasar un taxi, y se me encendió la bombilla: «Seguro que lleva pinzas». Al ataque.

Le conté a la chica de radiotaxi mi odisea, y me mandó un servicio de pinzas y arrancado. Lo mejor no fue que tuvieran el servicio listo y en camino, sino que el taxi venía con un taxista que puso las pinzas, arrancó el coche, me revisó el motor (salvo un poco de agua, no le faltaba nada), y hasta me acompañó a mi casa, en plan coche escoba, mientras yo trataba de tirar del volante, que no veas lo duro que está sin dirección asistida, con el coche andando a trompicones, y escupiendo tuercas.

En todo el rato que estuvimos esperando que el coche volviera a revivir, el taxista estuvo contándome que era de la zona de donde nosotros vivimos, mira qué casualidad, que tenía un negocio de leña que ahora regentaba su mujer, pero que mantenía el nombre original, Leñas Serafín. ¡Qué me dices, en mi casa tengo tu leña! y lo difícil que es salir adelante siendo autónomo, con varios hijos, todo el día trabajando, con gastos, impuestos?

Tantas cosas en común, dieron como resultado que me ofreciera prácticamente de todo lo que me hiciera falta, pero concretamente una batería que él tenía de repuesto para aguantar hasta ir al taller al día siguiente.

Elena alucinaba de lo amable y servicial que era el taxista. Yo, que seguía en modo madre a pesar de todo, le iba diciendo que no hablase nunca con extraños, por amables que parecieran. Nunca se sabe.

Finalmente, aunque bien tarde, llegamos a nuestra casa sanas y salvas, con algo más de agua en el motor, para que no se calentase según el consejo de Serafín, y aunque con la batería medio muerta, al menos con fuerza suficiente para dejar el coche en el garaje, todo gracias a la acción de un buen samaritano que se ofreció a ayudarnos. Serafín el taxista.

Está claro que todo lo que hizo este hombre no iba en el precio de la carrera. Por eso me quedé con su tarjeta, porque tengo claro a quien llamar si necesito un taxi.

Habiendo probado este servicio, ¿Quién quiere VTCs o Cabify? Mi hermana me dijo una vez (yo no lo he probado nunca) que había tenido que llamar a uno de estos, en una de las huelgas del taxi que hubo, y que le había encantado el servicio, que un señor con corbata le había abierto la puerta y hasta le había ofrecido agua fresquita, sin incremento de coste, para que hiciera el viaje más cómoda. Toma ya. Desde luego, es una opción. Pero es que yo creo que mi hermana no dio con un taxista como Serafín. Así no hay competencia, por mucha agua que te ofrezca un hombre cualquiera, aunque se ponga una corbata.

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