16 de mayo de 2019
16.05.2019
Así lo llevo

Las matemáticas del amor

16.05.2019 | 04:00
Las matemáticas del amor

No entiendo nada. No entiendo cosas como por qué hoy no he desayunado contigo y con prisas en la cocina. No entiendo por qué no estaba tu cuerpo al otro lado de mi cama anoche. No entiendo por qué mis manos no encuentran el tacto suave, blanco, caliente y perfecto de tus pechos. No entiendo por qué tus labios, húmedos y carnosos, ya no recorren mis labios, por qué no se buscan nuestras lenguas.

No entiendo nada.
No entiendo por qué no tardamos horas eligiendo esa película que no veremos en nuestro sofá, en nuestro dormitorio, por qué ya no elegimos libros para leer a medias, por qué ya no nos dejamos notas entre sus páginas, por qué no subrayamos párrafos con intención.

No entiendo por qué ya no hay fotos de nuestros viajes bajo los imanes de la nevera ni la tarjeta del primer hotel al que fuimos o el posavasos de la cafetería donde nos besamos por primera vez, por qué los imanes ya no sujetan aquellas fotos de fotomatón que atrapaban los besos, esa foto poniéndote bizca o la mía fingiendo carita de furia o sacando la lengua.

No entiendo por qué ya no hay mensajes de carmín en el espejo del baño y una nota en el lavabo junto al limpiacristales y un paño con un 'límpialo' y una carita feliz.

No entiendo por qué ya no escucho tu voz desde la entrada, cruzando el pasillo, quitándote la ropa y anunciando que ya estás en casa.

No entiendo por qué ya no se alargan nuestras conversaciones con un 'no, cuelga tú' o un 'no, yo te quiero infinitamente más, que pareces gilipollas' al otro lado del teléfono. No entiendo que ya no suene el tono especial que anuncia tu llamada, por qué ni siquiera aparece nuestra última conversación en la pantalla del whatsapp.

No sé por qué todo parece indicar que hay un punto final y yo no logro verlo. No sé cuánto tardan en cerrar las heridas ni siquiera sé si algunas acaban algún día de cerrar. No puedo, no sé cerrar esta brecha en mi corazón.

Pero sé algunas cosas. Sé que dos más dos son cuatro y sé que si lleno un vaso demasiado, se acabará derramando. Y sé que, cuando las nubes se llenan, acaba lloviendo. Pero no sabía que, a veces, uno más uno no son dos ni que hay vasos que vuelcan a medio llenar ni que hay nubes que no pueden parar de llorar. No, no conozco las matemáticas del amor.

Sé que necesitaba, que necesito, verte cada día y sé que me daban la vida tus palabras. Pero no sé cómo es que sobrevivo sin ellas y sin verte cada día. Quizá no vivo, quizá solo espero a que me hables, a escuchar el sonido de tu voz, a verte de nuevo, a tenerte por última vez entre mis brazos para poder morir en paz o vivir para siempre.
Siete años han pasado sin ti, después de cinco a tu lado. Lo sé porque lo dice un calendario porque para mí el último día fue ayer y nunca.

Me dijiste que te habías enamorado de otra persona. Me dijiste que te habías enamorado de un hombre. Me dijiste que con un hombre todo sería más sencillo y me dijiste que si yo fuese un hombre, pasarías toda tu vida a mi lado.
No sé qué hay de verdad en todo esto, pero me agarro de forma estúpida a creerlo, como si eso significase algo, como si pudiese dejar de ser una mujer para tenerte a mi lado.

No sé. Me contaron que tuviste una hija. No sé, me gustaría saber que no eres feliz sin mí, que te sientes tan vacía e incompleta como yo, que me echas de menos, que te arrepientes de tus palabras, de tus actos, de nuestra despedida, de todo y que, en cualquier momento, vas a entrar por esa puerta, vas a recorrer nuestro pasillo mientras te desnudas y vas a llegar a mi cama tan suave, tan blanca, tan delicada y tan desnuda como solo tú has sabido desnudarme.

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