16 de mayo de 2019
16.05.2019
La feliz gobernación

¿Alguien conoce a alguien que haya votado a Vox?

Contrasta la rapidez con que el PP ha expulsado a su presidente de El Raal con la semana que Roque Ortiz resistió en su sillón tras haber predicado exactamente lo mismo

16.05.2019 | 04:00
¿Alguien conoce a alguien que haya votado a Vox?

Antes de las generales, los votantes de Vox se exhibían en calles, plazas, bares y centros de trabajo. Te podían asaltar desde cualquier acera, como antaño los Niños de Dios, ofreciéndote folletos, discurseándote sobre el 'verdadero escudo de España' e incluso poniéndote a la firma la ficha de militante por el módico precio de diez euros al mes.

Hasta el Entierro de la Sardina, celebrado en la jornada de reflexión, se pintó de banderas nacionales, que lo son de todos, pero en ese contexto significaban un guiño desvergonzadamente inequívoco por evidente apropiación. Hasta los horteras que hacen sonar el reguetón a toda pastilla desde sus coches tuneados sustituyeron provisionalmente ese veneno musical para atronarnos con el Himno de la Legión.

Pues bien, todo ese festival exhibicionista ha desaparecido de pronto, después de que las caras en las sedes electorales de Vox el pasado 28A, inexplicablemente, reprodujeran el gesto de la insatisfacción a pesar de haber pasado de cero a veinticuatro diputados de la noche a la mañana.

Dos motivos de ese bajonazo: uno, esperaban mucha mayor representación; y también y principal, fueron conscientes de que habían facilitado el triunfo del PSOE al haber articulado éste con gran habilidad el fantasma del voto útil para neutralizar a la extrema derecha.

Conozco a personas que nunca habían votado al PSOE y lo hicieron el pasado día 28 ante el pánico de un posible gobierno tripartito de derechas respaldado por Vox, e incluso integrado por éste, según el ofrecimiento de última hora que emitió la lumbrera de Casado, o el blanqueo (en Murcia se denomina deshoyino) practicado por López Miras (en sus días de 'derecha sin complejos') a quienes le robaban los votos a almostrás.

Las voces que pregonaban a Vox desde cada esquina han desaparecido de pronto. Y nadie conoce a alguien que haya votado a Vox, o que habiéndolo hecho presuma en los espacios públicos. Persiste un núcleo duro impenetrable a toda erosión, pero está por ver que arrastren esta vez a una parte sustantiva de la ciudadanía, a no ser que la ola venga sorda.

La estrategia del PP para parar a Vox era inevitablemente sustituir al PSOE como depositario del voto útil, en su caso apelando al espectro sociológico de la derecha. Se les ve la intención, pero no la habilidad necesaria. De hecho, el nervisiosismo en la organización es tan evidente que ya andan dibujando paisajes apocalípticos si no ganara el PP (como si el paisajito que nos han dejado después de veinticuatro años mereciera ser puesto en un marco) y en previsión de evitar tamaña catástrofe, han redoblado la práctica de comprar votos, literalmente hablando.

Al presidente popular de El Raal y candidato a concejal en la lista electoral de Murcia, Ramón Andrés Abellán, lo han echado del partido nada más ser pillado con el carrito del helado. Sin embargo, actitud tan expeditiva contrasta con la semana larga que aguantó Roque Ortiz en su sillón de concejal cuando fue descubierto predicando la misma doctrina, de la que el tal Abellán es solo un alumno torpe en el proceso de ejecución. ¿Cuántos más habrá como él distribuidos por la huerta? Al final, la diferencia entre PP y Vox es que los votos de éste son voluntarios.

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