12 de mayo de 2019
12.05.2019
Todos nómadas

El sitio del amor fraterno

12.05.2019 | 04:00
La Catedral acogió ayer la consagración episcopal de Sebastián Chico.

Ayer se celebró la consagración episcopal de don Sebastián Chico Martínez (ver página anterior). Un servidor, desde su rincón de nómada, quiere felicitar al nuevo Obispo, alegrarse en su alegría, desearle que sea feliz y que haga cuanto pueda por hacer felices a los demás. Conociendo a don Sebastián puedo asegurar que, desde su serena bondad, cumplirá lo que el Vaticano II pide a losobispos. El ejemplo del Papa Francisco es un libro abierto en el que todos podemos aprender la práctica del amor cristiano, viendo en ello la raíz más honda del cristianismo.

Supongo, querido Sebastián, nuevo obispo, que verás con buenos ojos el que en esta meditación en tu honor, haciéndonos eco de nuestro Papa Francisco, hablemos del amor, cosa bien necesaria hoy día. Hambre en el mundo, puertas cerradas a los migrantes, falta de hospitales, de medios, de medicinas, guerras, terrorismo, peleas entre partidos, etcétera.. ¡¡Falta de amor!!.

El amor no es algo que yo doy sino la manera de ser alguien para el otro. Amar es sacar al otro del anonimato, darle rostro y nombre.
Un bello cuento nos explica la realidad misteriosa y presente del amor más profunda e intuitivamente que muchas palabras reflexivas y ponderadas. Se trata del cuento de los hermanos y los sacos de trigo. Éranse una vez dos hermanos que a la muerte de sus padres se repartieron en dos mitades la herencia.

Al anochecer el mayor, casado y con muchos hijos, que había pasado el día trabajando con los suyos en sus tierras, se decía reflexivamente: «No es justo que yo haya recibido la mitad, tengo muchos hijos que crecerán y me cuidarán cuando sea anciano mientras que mi hermano, solo en la vida, necesitará más para asegurarse un cuidado en su vejez». El hermano menor, soltero, trabajaba también en sus tierras y en descanso vespertino se decía para sí. «No es justo que yo haya recibido la mitad de la herencia de nuestros padres. Estoy solo en la vida, necesito muy poco para vivir mientras mi hermano, con tantos hijos debería haber recibido mucho más que yo».

Después de estas reflexiones de los dos hermanos, cada uno de ellos, amparado en la oscuridad de la noche, iba a su propio granero, cargaba un saco de trigo y lo vaciaba en el granero de su hermano. Con este ir y venir, una noche se encontraron los dos hermanos, cada uno en dirección del granero del otro.

Los hombre del pueblo que habían decidido construir un templo a su divinidad, discutían acerca de cuál era el lugar más sagrado, más adecuado para la construcción del templo. Unos, más sabios, afirmaban que la montaña cercana, ya que las montañas habían sido siempre lugar de habitación de los dioses, escenario de teofanías. Otros apostaban por el río como símbolo de la vida de sus tierras y personas, lugar de purificación y alabanza a sus dioses. Todavía algún grupo de los más ancianos indicaban la plaza mayor del pueblo como lugar de encuentro humano, de relaciones personales cálidas y símbolo de la centralidad que el templo debería tener para los habitantes del lugar. Sólo uno, profundamente sabio, afirmó después de escucharlos que el lugar más sagrado, donde verdad se podría construir adecuadamente el templo, era el sitio en el que los dos hermanos, cargados con sus sacos de trigo, se habían encontrado. El sitio del amor fraterno.

El amor es el origen y la vocación de la mujer y del hombre. Pensamos que hemos nacido, aunque no siempre es así, como frutos de una decisión amorosa. Esperamos que el amor pase por nuestras vidas despertando energía, ilusión, motivación, encuentro. El amor es lo primero que se siente presente o ausente y lo único que es más fuerte que la muerte. El amor, con su posibilidad de desamor, es la experiencia que da sal a la vida, sabor a la existencia. El amor hace al que ama paciente y amable. El que ama no busca su interés aunque, evidentemente, puede expresárselo al otro. Si se irrita, es capaz de perdón y reconciliación, no se instala en las ofensas llevando cuentas del mal, sino que se alegra en la verdad, la justicia, el respeto y la libertad del otro. Este amor puede parecer utópico, pero esa utopía nos hace caminar en una dirección decidida por nuestros corazones.

Don Sebastián, enhorabuena. Que Dios le bendiga y nos bendiga a todos. ¡Felicidades!

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