12 de mayo de 2019
12.05.2019
La Opinión de Murcia
El diario de
Y siempre Dylan.

Polvo en los zapatos

"Cabreado con los fans que, móviles en ristre, no dejaban de sacarle fotos y vídeos, les espetó: '¿Nos dedicamos a tocar o nos dedicamos a posar?'. Le molestaba, creo, que vieran en él más al icono que al artista"

12.05.2019 | 04:00
Polvo en los zapatos

16 de abril

Pared con pared. Entro en casa por la puerta del garaje y descubro (con estupor) que ha desaparecido la pared que nos separaba de la vivienda contigua. Ahora, la planta baja de ambas casas forma un único gran espacio por el que pulula gente a la que ni siquiera conozco. El vecino me dice con absoluta naturalidad que se ha visto obligado a tirar la pared. «¿Cómo?», exclamo indignado, «¡pues tendrá que volver a levantarla!». En el fondo del garaje, donde antes se hallaba mi trastero, se levanta un retablo dorado, una capilla ante la que se concentran varios orantes. La iluminación es escasa. Entreveo a un ser gigantesco junto al altar. Alguien lo llama 'Manuel'.

«¡Manuel», le grito entonces al ente, a quien intuyo responsable de todo cuanto está ocurriendo, «voy a avisar ahora mismo a la Policía!». Subo al salón, en la primera planta, para llamar por teléfono. Varias personas, sentadas en mi tresillo o acodadas en la barandilla del balcón, charlan animadamente entre sí. Otras disponen sin pudor del cuarto de baño o sacan comida y refrescos de mi nevera. «¡¡Esto es un domicilio particular!!», les grito fuera de mí. Levanto el auricular del teléfono, pero no consigo recordar el número de la Policía, no consigo recordar el número de la Policía, no consigo recordar el número de la Policía, no consigo...

17 de abril

El 'huertano apátrida'. Me llama Antonio López Meseguer para comunicarme que acaban de enterrar a José Antonio Martínez Gil, poeta de La Ribera de Molina, con 98 años. Me siento atravesado por una punzada de remordimiento. Han pasado ya casi dos décadas desde que llegaron a mis manos varios poemarios suyos y, pese a algún lastre costumbrista (utilizaba el seudónimo 'Huertano'), me pareció descubrir en ellos a un poeta hondo, sincero, enamoradizo, de raíces machadianas: «Dejadme en la soledad / de los álamos y el río».

Lo entrevisté en su casa de La Alberca, le dediqué un capítulo de Galería de apátridas y promoví la edición de una antología de su poesía. La abismal diferencia de edad (más que mi padre, casi podía ser mi abuelo) no impidió que trabáramos cierta amistad. A menudo venía a visitarme a mi despacho o me llamaba por teléfono con voz temblorosa y apagada, cada vez más cerca del otro mundo que de éste. Lo que había escrito sobre su poesía le hacía sentirse en deuda conmigo. Él siempre me invitaba a su casa de Mazarrón y yo siempre posponía el momento de hacerlo. Ahora, ya no será posible. Adiós, José Antonio, sit tibi terra levis.

19 de abril

Los cuatro de Los Diez... Una lluvia incesante (la más copiosa en medio siglo) ha arruinado las procesiones religiosas de este Viernes Santo. Marta ha regresado temporalmente de Italia y los cuatro vamos a comer al Peque, rústico mesón de Mahoya donde preparan unas espectaculares gachas tortilleras. De vuelta a casa, me hundo en el sofá para tragarme Los diez mandamientos de Cecil B. Demille, verdadero clásico de la Semana Santa. La película no se ha devaluado con el tiempo, sino todo lo contrario. Su fastuoso tecnicolor, los decorados y vestuarios casi irreales, los paisajes (fue rodada en escenarios bíblicos) y, sobre todo, esos diálogos shakesperianos tan deliciosamente artificiales.

Los guionistas (eran cuatro) fusionaron las Sagradas Escrituras con varias novelas que tenían a Moisés como protagonista, sacrificando la verdad histórica (si la hubo) en aras del necesario dramatismo. Los encabezaba una mujer, la escocesa Aeneas MacKenzie, quien ya había escrito los guiones de las memorables Murieron con las botas puestas y El hidalgo de los mares. Jesse L. Lasky Jr., poeta, era ya autor del guion de otro peliculón bíblico, Sansón y Dalila. En cuanto a Jack Gariss (que devino maestro espiritual) y Fredric M. Frank (El Cid, El mayor espectáculo del mundo), colaboraban habitualmente con Cecil B. Demille. Nadie piensa en ninguno de ellos cuando ve cualquiera de esas películas.

No pocos espectadores entienden que Los diez mandamientos narra hechos reales, aunque ya Borges dijo sobre la Biblia que era una obra de género fantástico. Basta pensar en la escena donde se abren las aguas del Mar Rojo, o en esa niebla verde que mata a los primogénitos (momento de auténtico terror)o en la zarza parlante que arde en las laderas del Sinaí. Por primera vez me doy cuenta de que la voz de Yahvé es la misma de Hal 9000 en 2001, una odisea del espacio. Averiguo por Internet que su doblador fue Felipe Peña. Esa voz profunda, lacónica, con un no sé qué irónico de fondo, marca para todos los espectadores españoles un indeleble recuerdo de ambos filmes.

20 de abril

¿Dónde estará mi libro? Sigue lloviendo. En dos días, el agua no ha dejado de repiquetear contra la claraboya de nuestro lucernario. Días propicios para un ambiente hogareño. Avanzo significativamente en la escritura de mi libro sobre Sierra Morena, titulado provisionalmente La montaña en invierno o La montaña y los poetas. Leo que ayer se cumplieron 21 años de la muerte de Octavio Paz, ocurrida en 1998. Tres años antes había podido verlo en persona, cuando Victorino Polo lo invitó a dar una conferencia en el paraninfo de la Universidad de Murcia. Me dedicó un ejemplar de su poemario Árbol adentro. En vano busco ahora ese libro en mis estantes para mirar la dedicatoria. Entonces recuerdo (con rabia) que se lo presté junto a otros títulos a un versificador bisoño, un tal Sergio, que nunca me los devolvió y de quien ni siquiera sé su actual paradero.

También leo que Bob Dylan sigue dando vueltas por el globo terráqueo a bordo de la Neverending Tour, como si su vida sólo tuviera sentido sobre las tablas, como si buscase morir en el escenario. Anteayer, en Viena, estuvo a punto de conseguirlo. Cabreado con los fans que, móviles en ristre, no dejaban de sacarle fotos y vídeos, les espetó: «¿Nos dedicamos a tocar o nos dedicamos a posar?». Le molestaba, creo, que vieran en él más al icono que al artista. Dicho esto dio unos pasos hacia atrás, tropezó con un amplificador y perdió el equilibrio. Estuvo a punto de caer de espaldas, algo que puede ser fatal cuando se rondan los 80 años.

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