12 de mayo de 2019
12.05.2019
La Opinión de Murcia
Desde mi sillón de pensar

Manteca en el pan

Las mujeres urbanas ya no van a la compra todos los días, salvo nuestras madres y abuelas que cogen su carrito y van a la plaza o al mercadillo habitualmente

12.05.2019 | 04:00
Manteca en el pan

El lechero llegaba con sus cabras. Las vecinas salían a las puertas con sus jarros para la leche. El lechero, en cuclillas, ordeñaba las tetas de las cabras alternativamente. Las cabras tenían las patas de atrás entreabiertas. Era el momento del regateo, de reclamar la ahorrá. Algunas cabras lamían el salitre de las paredes y cuando partían habían dejado cagarrutas negras que parecían jínjoles. Mi hermana Antonia, que era una chungona y alegre, engatusaba a los cabreros contándoles historias de reír y chistes y así obtenía propinas de leche.

Esto cuenta Pedro Flores en sus memorias que publicara el Colegio de Arquitectos de Murcia en 1997 con motivo del centenario del nacimiento del pintor murciano, nacido en la calle Bodegones, gracias a la edición de José María Hervás. En esa deliciosa obra recopilatoria encontramos una descripción de la ciudad de Murcia desde la mirada fotográfica de un artista que reflejó como nadie la murcianía más popular. Leyendo las páginas de las memorias puedes ver los cuadritos de la serie Costumbres murcianas que conserva la CARM.

En los años veinte, la ciudad seguía surtiéndose necesariamente de muchos oficios huertanos y uno de ellos era el de los lecheros. La leche, el agua y el vino parecen ser líquidos de primera necesidad dentro de la dieta tradicional y era una de las obligaciones diarias de las que se encargan de la alimentación de la familia. O sea, de las mujeres.

Hoy la leche sigue siendo uno de los alimentos a los que no renunciamos si no es por una intolerancia, o por simple disgusto. Ahora en los supermercados encontramos todo tipo de líquidos que se parecen a la leche. No ya la leche de almendra o la de arroz que ha existido toda la vida, sino también las nuevas de soja, coco, avena, quinoa, y sus combinaciones, coco y arroz, soja y café, soja y vainilla, etc.

El encuentro en la calle, el comercio de proximidad está en declive, al igual que los oficios antiguos. Ahora es difícil saber el nombre de quien te atiende en un comercio. Y estamos tan poco tiempo en casa que necesitamos que los productos que compramos se mantengan en condiciones más tiempo. Las mujeres urbanas ya no van a la compra todos los días, salvo nuestras madres y abuelas que cogen su carrito y van a la plaza o al mercadillo habitualmente. Las madres nos hemos alejado un poco de la tarea ancestral asignada a nuestro sexo, de dos cosas fundamentales para el sostenimiento de la familia, mantener el fuego encendido y alimentar a la prole. Y digo, un poco, por que seguimos siendo en la mayoría de los casos, las responsables del menú diario, del tipo de alimento que le damos a nuestros familiares y la calidad de las cosas que compramos. La leche y sus derivados son un ejemplo claro de eso.

Una tarea complementaria a la alimentación es usarla para aliviar las enfermedades leves de nuestros hijos o nuestros mayores. Todas hemos usado el arroz hervido, la manzana o el pan tostado con aceite para aliviar la diarrea y los dolores de estómago leves, además de usar las pastillas blancas del tubito de plástico que parecían caramelos que nos daban nuestras madres y que han salvado a muchos niños y niñas de la de la deshidratación.

«También nos mandaba mi madre ca la Tetona, tienda de embutidos, pasado el arco de Verónicas a la izquierda, a por butifarra o blancos y por manteca de cerdo que se embadurnaba en trozos de pan y que, espolvoreados de azúcar, servía para acompañar el café con leche del desayuno».

Esto describe Flores cuando recuerda los recados que hacia de niño en el entorno de su barrio del centro de la ciudad de Murcia. Los desayunos han cambiado mucho, sobre todo por nuestro ritmo laboral tan poco dado a la conciliación con la vida en general, pero la leche y las tostadas son el sustento básico para casi todos nosotros a primera hora o a media mañana en el descanso para almorzar. Del almuerzo de los chavales en el cole también tenemos que encargarnos, ya que ahora en muchos centros escolares se ha impuesto el 'desayunos saludable' y cada día está dedicado a un tipo de almuerzo. Otra tarea de la que ocuparnos. Flores, describe como su madre lo mandaba a hacer recados y cuando lo hago yo, me recuerda a los documentales de osos, en los que la mamá oso supervisa como su osezno intenta pescar un salmón. El sentimiento maternal se hace evidente, cuando le encargas a tus hijos una pequeña compra o un recado para una vecina, algo que les haga sentirse parte del sistema familiar. La vida de barrio, otra cosa perdida, junto con la manteca para untar en el pan.

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