12 de mayo de 2019
12.05.2019
Sol y sombra

El hombre de Estado

Luces y sombras de Rubalcaba en dos etapas del Partido Socialista: fue, efectivamente, el que tomó las riendas del proceso de paz con ETA, pero también el sujeto implicado en los chivatazos del bar Faisán y, anteriormente, en la guerra sucia de los GAL contra el terrorismo

12.05.2019 | 04:00
El hombre de Estado

Ha muerto Alfredo Pérez Rubalcaba y alrededor de su figura emerge un aura de estadista que durará el tiempo que se le reserva a los grandes políticos extrañados inmediatamente después de desaparecidos.

En este caso durará más porque estamos en medio de una campaña electoral y cualquier circunstancia o hecho resulta aprovechable. Fue precisamente Rubalcaba quien dijo que los españoles sabemos enterrar muy bien, así que él mismo sería el primero en no sorprenderse por el ruido de las exequias.

Como todos los políticos que adquieren relevancia, Rubalcaba vivió con luces y sombras el felipismo y, más tarde, el zapaterismo. La derecha, que ahora lo recuerda como un admirable adversario, tuvo en él un enemigo astuto e implacable, intrigante y agitador de las conciencias durante las horas que siguieron al 11M. El hombre de Estado que destacan en el momento más gaseoso de la política fue efectivamente el que tomó las riendas del proceso de paz con ETA, pero también el sujeto implicado en los chivatazos del bar Faisán y, anteriormente, en la guerra sucia de los GAL contra el terrorismo. Tardó tiempo en explicarse su papel al frente del jardín de infancia de Zapatero y cuando, por responsabilidad socialdemócrata, intentó redimirse de aquella onerosa carga perdió su última batalla.

Para entonces ya necesitaba seguramente un descanso pero supo sacrificarse por el partido en los momentos más difíciles. Luego, viendo a lo que se exponía Sánchez en compañía de Iglesias, acuñó lo del Gobierno Frankenstein, que tanto juego ha dado. Si el tiempo pudiera escribirse al revés sería el eslabón perdido entre Adriana Lastra y Alfonso Guerra.

Visto al contrario, un testigo de la decadencia.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook