11 de mayo de 2019
11.05.2019
La Opinión de Murcia
Cartagena D. F.

Lo que yo quiero

11.05.2019 | 04:00
Lo que yo quiero

A mí no me hacen falta campañas. Hemos pasado a las municipales y toca hablar de lo nuestro, de lo más cercano, de lo que más nos afecta, de nuestro municipio y de nuestra Región. Y a mí no me hacen falta campañas.

No necesito promesas ocurrentes ni anuncios forzados in extremis, que solo persiguen evitar la fuga de votos de última hora, a la desesperada. A mí no me hacen falta mítines más o menos multitudinarios a los que, prácticamente, solo van incondicionales dispuestos y disponibles para la aprobación y la ovación continua, sin que importe demasiado lo que diga el candidato, que se centra más en desprestigiar al rival político que en ahondar en sus proyectos futuros.

A mí no me hace falta esa especie de batalla que mantienen los candidatos en las redes sociales por demostrar quién es capaz de visitar más lugares y reunirse con más colectivos, de los que luego les cuesta acordarse hasta dentro de otros cuatro años. Que no, que no me hacen falta programas impresos ni vídeos cargados de buenas intenciones y de eternas promesas incumplidas por quienes les precedieron en los carteles de antaño.

A mí no me tiene que convencer nadie, porque no soy ningún indeciso y mucho menos un porcentaje de un sondeo que se parece más a una quiniela que a un avance del resultado de las urnas. Yo no tengo dudas y sé muy bien lo que quiero, sé muy bien el alcalde que quiero. O alcaldesa, que menuda está la cosa para tener un descuido con esto del lenguaje inclusivo. Además, en Cartagena, salvo el breve paréntesis de dos años de José López, llevamos casi un cuarto de siglo en manos de las mujeres. Y la cosa apunta a que pueden seguir siendo ellas quienes decidan el futuro de nuestra Cartagena, porque son tres los partidos que han situado a otras tantas señoras como cabezas de lista.

Así que el alcalde o alcaldesa que yo quiero no debe anunciar o prometer que las personas que sufran infartos a la hora que sea no tendrán que trasladarse a Murcia si gana las elecciones, sino que deberá mover cielo y tierra para evitarlo a partir de ya. El alcalde o alcaldesa que yo quiero no permite que un Banco de Alimentos, del que se benefician más de 15.000 personas de Cartagena y su comarca, se vea abocado al cierre por la falta, la pérdida o la mala gestión de unas ayudas. El alcalde o la alcaldesa que yo quiero no convierte en un escándalo los problemas de ruido de una fiesta. Ni saca pecho proclamando como un éxito lo que para muchos ha sido un fiasco.

El alcalde que yo quiero no consiente que nuestros abogados se vean obligados a exigir más juzgados ante el vergonzoso colapso de una justicia que, por lenta, a veces deja de ser justa.

El alcalde o alcaldesa que yo quiero no protege de una reprobación en un pleno municipal al presidente regional de signo contrario, porque el presidente o presidenta que yo quiero no da lugar a esa situación y lucha por Cartagena tanto como por cualquier otro punto de la Comunidad de la que está al frente. Y ya puestos, ese presidente o presidenta no promete el traslado de la sede de la consejería de Turismo a la ciudad más turística, sino que se arremanga y colabora en la mudanza desde ya, si es preciso.

El alcalde o alcaldesa que yo quiero no tiene que convencerme ni con campañas ni con mítines, ni con propaganda ni debates selectivos, seleccionados o censurados, según sus gustos, ni con tuits ni perfiles y muros repletos se sonrisas profidén. Nadie tiene que convencerme de que mi ciudad, mi Cartagena tan del alma mía como de cualquier otro nacido o instalado aquí, es una ciudad preciosa y lo suficientemente grande como para poner fin a tantos años de tener que reclamar y hasta suplicar lo que por tamaño, población y hasta por derecho nos merecemos.

Sé el alcalde que quiero, porque sé la Cartagena que quiero. Lo que no sé es si «es el alcalde el que quieren que sean los vecinos el alcalde», que diría Rajoy.

A mí no me hacen falta campañas, solo quiero que mi alcalde o alcaldesa se ocupe y preocupe de verdad por esa Cartagena de la que tanto se ocupan y preocupan ahora. ¿Y quién sabe? A lo mejor, dentro de cuatro años ya sé quién quiero que sea mi alcalde o alcaldesa. O no.

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