11 de mayo de 2019
11.05.2019
La Opinión de Murcia
Al cabo de la calle

Nobleza y sentido de Estado

Los voceros de sus adversarios políticos trataron de crucificarlo en vida, ridiculizándolo como hiena, desacreditando su gestión al frente del ministerio del Interior y acusándolo de ser el artífice de una guerra sucia

10.05.2019 | 19:36
Nobleza y sentido de Estado

Qué jodidamente dura convertimos los humanos la trayectoria de vida de otros. Qué pena da contemplar cómo somos capaces de sumarnos a la jauría de quienes enarbolan el insulto como norma, el odio como alimento de los mortales y la mentira como rasgo distintivo del comportamiento. No, no todos somos iguales. No todos somos capaces de justificar lo injustificable. Y la verdad, la dignidad y el reconocimiento a quienes nos precedieron se convierten en norma de actuación en mucha gente que nos rodea.

Enjugando las lágrimas por la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba, aún resuenan los ecos de un acto protagonizado por José Luis Rodríguez Zapatero hace unos días en Murcia: la presentación del libro De la República al franquismo legalidad, legitimidad y memoria histórica, del abogado Antonio López Martínez, fruto de su tesis doctoral que no pudo defender en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia porque la muerte le sobrevino antes de tiempo. Zapatero, que fue denigrado hasta la extenuación en esta tierra tan llena de bocazas, caciques trabucaires y personajes ocurrentes de tripa gorda y mente escasa, volvió a demostrar que su sensatez sobrepasa los estereotipos en los que convertimos en ocasiones a los personajes públicos. Aún recuerdo el titular de una entrevista veraniega a un mago de pacotilla que, para quedar bien como hacen muchos en esta bendita tierra mansa y sometida, aseguraba que él haría desaparecer a Zapatero.

El ex presidente del «Zapatero castiga a la Región», el secretario general socialista de «ZP nos cierra el grifo» brindó un emotivo homenaje y reconocimiento a quienes fueron víctimas del fascismo en España, a quienes osaron retar al franquismo y a sus herederos. Con un prólogo a este libro y con el testimonio de su empeño personal con la tan denostada Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura, conocida como la Ley de Memoria Histórica. ¿Recuerdan a ese ejemplo de seriedad en política, el diputado popular Rafael Hernando y a sus seguidores mediáticos, con sus descalificaciones hacia quienes aún hoy desean restaurar la memoria de sus familiares desaparecidos?

Pues Rodríguez Zapatero aún dijo más: que él no había engañado a nadie con su rechazo al trasvase del Ebro. Un trasvase que jamás recuperó el PP en los ocho años posteriores de Gobierno de Mariano Rajoy y que ahora ya sólo vuelve a salir a la luz cuando no quedan más argumentos para tratar de volver a engañar a los electores murcianos. Ya está bien, ¿no les parece?

Con Alfredo Pérez Rubalcaba sucedió lo mismo. Los voceros de sus adversarios políticos trataron de crucificarlo en vida, ridiculizándolo como hiena, desacreditando su gestión al frente del ministerio del Interior y acusándolo de ser el artífice de una guerra sucia. Frente a esa imagen promovida por muchos desde los escaños de la oposición y sus medios de comunicación, queda el hombre dedicado en cuerpo y alma al servicio público, a la tarea de contribuir al desarrollo de nuestro país desde sus cometidos al frente del ministerio de Educación y del resto que le tocó gestionar, bien en el Congreso como en Interior. Sentido de Estado por encima de todo. Timidez y sencillez, como nobleza cántabra de quien ha prestado grandes servicios a la comunidad desde la humildad más absoluta. Reconocimiento en su lucha por alcanzar la paz en Euskadi y el resto de España. Sacrificio para dar la cara y coger las riendas del PSOE tras el precio que se hubo de pagar por adoptar decisiones duras en plena crisis financiera de 2011. Honradez con uno mismo y con la sociedad con su vuelta a la Universidad para reencontrase frente al alumnado de Químicas. Descansa en paz. Porque es mejor callarse. El tiempo pone a cada uno en su lugar.

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