10 de mayo de 2019
10.05.2019
La Opinión de Murcia
Mamá está que se sale

Juegos de la tele

09.05.2019 | 17:19
Juegos de la tele

No te pierdas esta noche Juego de Juegos. No te vas a divertir, creo, pero el experimento sociológico de ver a personas, supuestamente normales, poner a prueba además de su intelecto, su dignidad, de verdad, vale la pena verlo. Lo de poner a prueba el intelecto mejor lo dejamos en interrogante. Qué risa nos dimos cuando una de las concursantes no supo en qué parte del cuerpo estaba el húmero. Cristina me decía «¡mamá, en el brazo!». También es cierto que ella sabe dónde está el húmero porque hace poco pasamos toda la tarde y parte de la madrugada en Urgencias creyendo que el suyo estaba roto. Quizá la concursante no ha pasado por ese trance y no tiene localizado el húmero. Hay tantos huesos?

Eso sí, en este punto te doy la razón en eso de que los niños son de goma: entró con el brazo doblado en forma de boomerang, y en el tiempo de la espera, se le fue enderezando. Magia.

Pero no nos despistemos, lo que te decía: Juego de Juegos. Lo descubrimos la semana pasada mientras recogíamos la cena. De verdad que yo creo que mi hijo Antonio era el único que se reía, entre tanta caída y tanto piscinazo (pero es que tiene siete años, qué quieres). Los demás estábamos pasmados. A ver: ¿tú me sabrías decir la capital de Italia, o qué materia inutiliza los poderes de Supermán? Quizá los nervios jueguen malas pasadas, no digo que no. Y sé que la kryptonita está volviéndose de frikis, pero no saber decir que Roma es la capital de Italia, válgame Dios.

En un momento de surrealismo total nos preguntamos si serían concursantes reales, voluntarios e inocentes, o bien serían actores, porque mira que para dejar que te rocíen con pintura y encima reírte entre preguntas de esas de pillarte en ridículo, hay que tener valor.

Cuando en un momento dado le preguntaron a uno de los concursantes por el nombre del autor de una novela cuyas primeras palabras eran «En un lugar de la Mancha?» y el chaval no supo contestar, definitivamente nos llevamos las manos a la cabeza. Pero no quedó la cosa ahí. El chico se lamentó del fallo, no por no recordar a Miguel de Cervantes Saavedra, sino de no recordar que la tarde anterior salió esa misma pregunta en el ensayo que hicieron, y qué mala suerte no recordarla. ¿Cómo te quedas?

En ese momento, cogí a mi hija de los hombros, y le dije una verdad que, antes o después, deberá conocer y hacerle frente: hija mía, estas personas votan, al igual que lo harás tú. Madre mía.

Terminamos de verlo por la curiosidad de saber las pruebas que quedaban, quizá lo mejor estaba por venir. Pero no, todo en esa misma línea. Claro está, ganó uno que parecía más espabiladillo que el resto. El único que supo responder a preguntas de cierto calibre y ser habilidoso en los juegos. Lo que viene siendo la selección natural.

Ya el colmo fue cuando Elena se preguntó en voz alta si el programa era en directo, como OT, o se grababa en horario laboral. Ahí mi mente dio un giro inesperado: «Estas personas han pedido permiso en el trabajo, para ir a que les descuelguen sobre camas de espuma, mientras tratan de recitar capitales europeas, encima sin saber acertarlas». Me fui a la cama diciendo: Señor, qué país.

Así nos va.

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