10 de mayo de 2019
10.05.2019
Mamá está que se sale

Educación

10.05.2019 | 18:04

Una vieja amiga me habla de la importancia de enseñar a los niños a calmarse y a actuar serenamente. Me lo dice y me viene a la mente la fila de atrás del coche, desde mi perspectiva del retrovisor, un día cualquiera volviendo del colegio. Está claro que estaríamos pidiendo peras al olmo, si quisiéramos que los niños entraran ordenadamente en el coche, y esperasen o cediesen educadamente su turno de palabra para contar el notición de hoy en el recreo. Pero mi amiga no lo dice por los niños, sino porque es altamente preocupante que ese comportamiento de torete, propio de niños, resulta que lo estamos viendo permanentemente en personas supuestamente formadas y adultas. Es a lo que la abuela María se refiere con eso de que ahora son todo derechos.

No sé qué pensó uno de los abogados de la manada, para presentar a su defendido en las conclusiones definitivas como 'un buen hijo', No sé tampoco si cayó en la cuenta de la cantidad de bromas macabras que podemos hacer, empezando por qué clase de cosas idearía el buen hijo, en el caso de ser un trasto. Aparte, lo que no termino de saber, es si se puede ser al mismo tiempo buen hijo y psicópata. Se lo deberíamos preguntar a Norman Bates, el de Psicosis, a ver qué dice. Pero sin broma lo que me pregunto es qué se entiende en nuestra mente colectiva cuando decimos eso de 'buen hijo'.

Me he tomado la molestia de consultar, en un antiguo diccionario de psicología que tenía mi padre, el término 'educación': El arte de persuadir al individuo en la adquisición de virtudes y en el dominio de pasiones, ayudándole a potenciar sus valores en la perspectiva del hombre que será, y acompañándole en la consecución de sus metas, sin alterar su naturaleza ni sus intereses.

Me encanta. Lo de persuadir y lo de acompañar me parece genial ¿Cuánto hace que no hay educación? Me refiero a ésta educación: la que pone en perspectiva en la mente del niño el adulto que será, la que le acompaña en el esfuerzo, la que no altera su naturaleza. La que convence en la adquisición de virtudes, la que fortalece; no la que hace del individuo una marioneta, un esclavo de sus pasiones.

Visto así, una entiende a la primera que no se educa con discursos, ni tampoco con la zapatilla. Y que educar es mucho más que enseñar a decir por favor y gracias.

En las últimas semanas hemos asistido al incalificable anuncio de lo que queda de la ETA, ya sabes a qué me refiero. Es un drama sin fin que haya casi mil personas bajo tierra, y un número incontable de víctimas directas o indirectas, de personas mutiladas como Irene Villa, sin piernas y sin saber por qué. Pero si eso es el colmo, es demoledor que esto haya pasado a manos de personas integradas socialmente, de personas aparentemente normales. De buenos hijos, vaya.

Desde su punto de vista y aun sabiendo que todo castigo es poco (habida cuenta de que ellos al fin y al cabo siguen vivos), me pregunto qué pensaran ellos acerca de haber truncado su vida así: actualmente lo único tangible son las víctimas, y las salvajadas que se hicieron en nombre de un ideario que, sinceramente, en la actualidad creo que ni sus defensores recuerdan. Qué pensarán ahora estos pobres diablos. Igual estos 'buenos hijos' prefieren no enfrentarse a eso, y se bajan en la parada de la mala suerte, pero qué bueno hubiera sido que hubiesen pensado en tener una vida normal: ellos volverían a sus casas cuando quisieran, y los otros no habrían faltado de las suyas.

Entiendo que para mentes sin escrúpulos no hay duda de las ventajas de fabricar zoquetes en serie: una vez adoctrinados, ya ves que dan muy pocos problemas. Yo en cambio estoy con mi amiga Marta, y como ella, no pierdo la esperanza de conseguir domesticar a mis mihuras. Sigo apostando porque aprendan a pensar.

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