09 de mayo de 2019
09.05.2019
La Opinión de Murcia

Un abogado para Europa

08.05.2019 | 21:15
Un abogado para Europa

l 26 de mayo hay elecciones al Parlamento Europeo. Sí, aquello que está tan lejos. Allí donde 751 diputados acuerdan medidas de gran importancia, pero que parece que nadie tiene presente. Que si Europa nos castiga, que si el Parlamento es un 'cementerio de elefantes'? Los murcianos tenemos una visión distante y poco integral de lo que es la eurocámara, pese a haber tenido a dos eurodiputados murcianos durante esta legislatura. Uno de ellos, además, vicepresidente de la cámara ( Valcárcel). Pero, claro, algo mal han tenido que hacer estos dos políticos cuando los murcianos casi no saben qué aporta la Unión Europea a la Región de Murcia.

Y es que quizás debamos empezar por ahí: los políticos no hablan de Europa, ni siquiera los que viven de ella. Y eso no se puede entender. Porque precisamente en el Parlamento Europeo se toman decisiones que nos afectan a diario y los ciudadanos deberíamos estar informados en todo momento de lo que votan en nuestro nombre.

Además, hay otro factor. La desinformación provoca que no tengamos presente todos los beneficios que supone ser ciudadanos europeos, pero nuestra memoria no olvida los años de recortes y austeridad. Al igual que no olvidamos cada ataque que los eurófobos lanzan contra la Unión. Y, al final, se desgasta el sentimiento europeísta. En esta última década estamos viviendo una crisis económica, otra humanitaria y, por supuesto, la medio ambiental (que seguimos heradando las nuevas generaciones desde hace décadas). También hay una institucional. Y, por un lado o por el otro, a Europa se le hace responsable de todos los males. Veamos caso por caso.


Europa ante la crisis económica. La caída de los bancos americanos, el estallido de la burbuja inmobilaria y el aumento de la deuda pública supusieron una crisis económica de la que aún no nos hemos recuperado en España. Y todos los ciudadanos asociamos a la Unión Europea como esa voz (la Troika) que nos impuso recortes, austeridad y modificar la Constitución sin consultar al pueblo español. Por tanto, a nivel económico, Europa supuso un problema, en vez de una garantía del Estado del Bienestar para muchos españoles. Pero, claro, nadie hizo nada por Europa. Nadie explicó que nuestro compromiso con la UE era el de recortar el gasto público y que fueron los políticos españoles quienes optaron por recortar en servicios básicos en vez de hacerlo en duplicidades y otros gastos públicos.


Crisis de refugiados e inmigrantes. En segundo lugar, a Europa se le exige una respuesta ante la llegada de refugiados e inmigrantes ilegales. Pero, claro, todo son ataques. Si hace una política progresista (y cristiana), desde la extrema derecha se le acusa de permitir una invasión y de 'abrir fronteras' (pese a que no hemos acogido ni al mínimo de refugiados al que nos comprometimos cada Estado miembro). Pero si Europa deja que mueran en el mar y que los niños mueran en campos de refugiados, desde la izquierda se le acusa de que Europa renuncia a sus principios más básicos. Y se denuncia que Europa no respeta la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.


La Unión Europea y su respuesta a la crisis ecológica. Además, a nivel medioambiental, cada vez que hay que aplicar una nueva normativa europea para no contaminar, en vez de entenderlo con pensamiento global, se critica: «Europa nos obliga a gastar dinero para no contaminar». Y desde la visión más ecologista nunca es suficiente: «Europa no hace nada porque los políticos están vendidos a las multinacionales». Y nadie defiende a Europa, pese a estar legislando continuamente para que mejore nuestra calidad de vida y nuestras empresas sean cada vez más sostenibles. De hecho, como nuestros políticos hablan tan poco de la UE, no nos enteramos de que gracias al Parlamento Europeo tendremos medidas para tener un agua del grifo de mejor sabor, un aire en las ciudades más limpio o un futuro con mucho menos plástico.


Crisis institucional. A nivel institucional, Europa también recibe ataques. Sobre todo, de los jóvenes que consideran que las instituciones van demasiado despacio para sus intereses y que los políticos no escuchan a las personas. Incluso hay una parte de la juventud que cree que la política no puede cambiar nada y que renuncia a votar (¡cómo si votar cada tres o cuatro años fuera mucho esfuerzo!). A esto se suma el auge de los populismos y la crisis de los partidos tradicionales.


Europa necesita ser defendida. Ante ello, nadie hace contranarrativa. Nadie defiende la Unión Europea del discurso eurófobo. Nadie cuenta que Europa tiene la administración pública más avanzada, la más moderna. Nadie explica la necesidad de la política y de la democracia europea como sistema para incluir a las minorías y evitar guerras.

Tampoco allí donde se plantea un referéndum para salirse de la Unión. ¿No es surrealista? Europa como institución no se defendió a sí misma en Reino Unido. Dejó que solo hubiera narrativa de los eurófobos. Pues maldita hora en la que Cameron le dijo a Europa que «nosotros solos sabremos explicar por qué Europa nos interesa. No hagáis nada». Y no hicieron nada. Ahora, se arrepienten. ¿Cómo dejamos a la buena de Dios un tema tan serio? ¿A caso no nos hemos enterado de que los bulos y las noticias falsas vuelan por WhatsApp y Facebook?

¿Alguien no se ha dado cuenta de que, además de los propios europeos eurósfobos y euroescépticos, hay varias potencias internacionales muy interesadas en debilitar a la Unión Europea? Rusia, Estados Unidos y China están ahí y son rivales económicos. Porque no es lo mismo negociar la exportación de frutas y verduras en nombre de 47 millones de españoles que en nombre de quinientos millones de europeos. Pero como me dijo Ramón Jáuregui hace unas semanas en mi visita al Parlamento Europeo como voluntario de la eurocámara para la campaña 'Esta Vez Voto', «en Europa solo hay dos tipos de naciones: las que saben que son pequeñas y las que aún no se han dado cuenta».

Pero, claro, esto no se dice. Y, en consecuencia, cada vez más españoles sacan su 'bravura' diciendo «España, soberana. Fuera de la Unión Europea para que los españoles decidan el futuro de España y no, la Merkel». ¡Solo les falta decir que hay que volver a la peseta! Pero no se dan cuenta de que son el reflejo de la ignorancia en un mundo gobernado por potencias mundiales en las que los verdaderos retos o se abordan a nivel global o no se solucionarán en la vida.

Es el caso de la cyberseguridad, de la lucha contra el terrorismo, de la contaminación medio ambiental y del cambio climático. Pero también son retos que solo se pueden solucionar con una Unión Europea fuerte la gestión de los movimientos migratorios, el desempleo que provocará la robotización y las colaboraciones internacionales para curar enfermedades como el cáncer, el parkinson, el alzheimer, el sida y las enfermedades raras.

Por todo ello, Europa necesita un abogado, alguien que la defienda y que valore la necesidad del proyecto común. Porque a todos nos beneficia. Por las ayudas a la agricultura, por los fondos Feder que impulsan a los ayuntamientos, por las becas Erasmus, por el roaming y por la libertad para viajar a cualquier país sin tener que pagar tasas. No dejemos que los populismos eurófobos triunfen en las elecciones europeas del 26 de mayo.

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