06 de mayo de 2019
06.05.2019
La Opinión de Murcia
El castillete

La hora de la verdad

05.05.2019 | 19:18
La hora de la verdad

El pasado domingo 28 de abril, con la holgada victoria del PSOE (123 diputados) culmina, en mi opinión, un proceso que se inicia durante 2014–2015. En ese período, resultado de la fortísima crisis (en realidad, estafa bancaria) que había desgarrado la sociedad española, la izquierda histórica (IU) experimenta un crecimiento considerable y, sobre todo, surge una fuerza política nueva, proveniente del 15M (Podemos), cuya subida vertiginosa después de las europeas de 2014 enciende todas las alarmas entre las élites económicas y políticas de este país. Se desarrollan a partir de entonces cuatro operaciones concatenadas, y relativamente coincidentes en el tiempo, al objeto de evitar que Podemos primero, y después Unidos Podemos, pudieran tocar gobierno.

La primera de ellas la hemos conocido hace unas semanas: las cloacas del Estado, la policía política del PP y sus medios informativos mercenarios hacen un hueco en su abigarrada agenda 'patriótica' plagada de actos delictivos para destruir documentos incriminatorios de la corrupción del PP, y se dedican a fabricar pruebas falsas contra Pablo Iglesias y Podemos al objeto de hundir la imagen pública de esta organización y de su líder. La segunda vino de boca del presidente del Banco Sabadell, que en 2014 habló explícitamente de crear un «Podemos de derechas». A partir de ese momento, Ciudadanos emerge ante los medios como una organización que vendría a 'regenerar' la vida política, ante una ciudadanía harta del bipartidismo y de la corrupción que había desparramado por todas las instituciones.

La tercera afecta directamente al interno del PSOE. Un sector de este partido, ante el peligro de que Unidos Podemos acaparara el voto progresista y de izquierdas, decide apoderarse de su programa político. Y es entonces cuando Sánchez se enfrenta al aparato de Ferraz y se confiesa ante Évole hablando de que España es una nación de naciones, de que es inadmisible el Concordato con la Iglesia, de que el artículo 135 de la Constitución (su modificación) fue un error, de que hay que derogar las reformas laborales y, en fin, de que el PSOE tiene que recuperar su alma de izquierda. La cuarta es más reciente: se trata de Vox. Ahora empezamos a sospechar de que el peligro de esta organización ultraderechista se ha inflado deliberadamente para que el voto del miedo deviniera en el voto 'útil' de siempre: hay que votar al PSOE para conjurar el peligro de la derecha y la extrema derecha.

Todos estos factores, unidos a lo evidentes errores de la organización que dirige Pablo Iglesias(conflictos internos), nos han llevado hasta esta victoria del PSOE, la de un partido que hace menos de un año estaba el cuarto en las encuestas. Previamente, hemos tenido una larga campaña electoral, que arranca en la moción de censura a Rajoy y que ha supuesto para Sánchez y su partido la oportunidad de impregnarse de una pátina progresista, a pesar de que el balance final de las medidas adoptadas en estos nueve meses es muy modesta, habiendo quedado en el tintero cuestiones esenciales de las demandas de la izquierda como la derogación de las reformas laborales, la de las pensiones, la regulación del precio de la luz o la limitación de los alquileres.

Una vez conseguido el objetivo de que el PSOE recupere el papel central que siempre desempeñó en el mantenimiento del sistema político, relegando a Unidos Podemos a un lugar secundario, las propuestas políticas de este partido se van desprendiendo de sus aristas más de izquierda (se caen la derogación de la reforma laboral, la anulación del Concordato o los impuestos a la banca) y la opción preferencial por la alianza con Unidas Podemos deja paso a la intención de gobernar en solitario sin poner 'cinturones sanitarios' a nadie.

Si no se aborda la oportunidad que han brindado estas elecciones para acometer el cambio social, institucional y territorial que esta democracia precisa para superar sus carencias y salir del bloqueo que padece, millones de votantes progresistas se verán nuevamente defraudados por un partido que siempre ha terminado fallando a su gente.

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