04 de mayo de 2019
04.05.2019
La Opinión de Murcia
Cartagena D. F.

El más chulo

04.05.2019 | 04:00
El más chulo

Entiendo la alegría de nuestra alcaldesa, Ana Belén Castejón, tras saber que su partido volvía a ser la fuerza más votada en nuestro municipio después de tantísimo tiempo, pero en esta era de acuerdos y pactos, ser el primero apenas significa nada. El más claro ejemplo lo tiene en sus rivales de siempre, ya que con mil votos más que los que el PSOE ha obtenido en Cartagena en estas generales, el PP solo logró diez concejales y ha pasado cuatro años sin tocar balón en nuestro Ayuntamiento.

Las urnas han vuelto a hablar y han desatado una avalancha de reacciones y comentarios para todos los gustos, aunque con dos conclusiones claras y contundentes: el manual de resistencia de Pedro Sánchez funciona y el PP está noqueado sobre el ring, mientras el juez inicia la cuenta atrás para ofrecerle la oportunidad de levantarse antes de dar por finalizado el combate.

El mapa de España se ha teñido casi por completo del rojo socialista, incluso en feudos que parecían irrecuperables para el PSOE, donde no ganaban hacía más de un cuarto de siglo, como es el caso de nuestra Cartagena. Aunque, en realidad, el único que ha ganado aquí hasta ahora es Sánchez y harían mal los candidatos socialistas a las autonómicas y municipales en confiarse y atribuirse una victoria que, de momento, no es de ellos.

Entiendo la alegría de nuestra alcaldesa, Ana Belén Castejon, tras saber que su partido volvía a ser la fuerza más votada en nuestro municipio después de tantísimo tiempo, pero en esta era de acuerdos y pactos, ser el primero apenas significa nada. El más claro ejemplo lo tiene en sus rivales de siempre, ya que con mil votos más de los que el PSOE ha obtenido en Cartagena en estas generales, el PP sólo logró diez concejales y ha pasado cuatro años sin tocar balón en nuestro Ayuntamiento. La propia Castejón es la prueba de que para mandar no hace falta ganar, si no gestionar bien tus posibilidades.

De todos modos, extrapolar el resultado de las nacionales a los comicios locales es hacer de nuevo política ficción, porque entra en juego un nuevo factor relevante, si se tienen en cuenta los resultados de la anterior cita para la elección de alcalde, en las que José López situó a su Movimiento Ciudadano como tercera fuerza municipal, con sólo cinco ediles, y se encumbró como primera autoridad de Cartagena.
Ahora, han pasado dos años de su desgaste, de ese periodo en el que muchos medios lo nombraron como el alcalde más chulo de España, de ese pulso contra Castejón tras el que acabó expulsado del Gobierno, aunque pareció más una estrategia para ejercer una oposición libre y sin compromisos que una derrota.

Las generales le han servido a los partidos nacionales para que descubran sus fortalezas o debilidades, según corresponda, mientras López ha contemplado, seguramente divertido, unos resultados que, a mi entender, le pueden beneficiar. Para empezar, MC se desmarca por completo del rifirrafe de derechas contra izquierdas, lo que, en principio, le otorga la capacidad de pactar con ambos bandos. Es cierto que los resultados del pasado domingo dan una mayoría aplastante al pacto a la andaluza entre PP, Cs y Vox, pero falta por saber cuántos votos que en las nacionales han recaído en estas tres formaciones irán a parar a la formación cartagenerista el próximo 26 de mayo.

Cuando el PSOE ha sabido copar, en detrimento de Podemos, el liderazgo de la izquierda y la derecha je recita el trabalenguas de los tres tristes tigres, el ex alcalde se mantiene en un discurso de defensa contra todo lo que suponga un ataque o menosprecio a Cartagena. Hay quien augura que es un discurso agotado y cansino que le hará perder votos, pero también los hay que creen que aún puede pescar mucho en este río revuelto en el que hemos transformado al panorama político.

Lo que creo que no ofrece duda es que la representación municipal que consiga dentro de unas pocas semanas, esté por debajo o por encima de los cinco concejales que tiene ahora, será pieza clave para concurrir a ese juego de tronos que promete ser la lucha por el primer sillón de Cartagena. Y, entonces, ¿a ver quién es el más chulo?

Por si acaso, que nadie alce los brazos, que nadie dé a nadie por vencido, porque el ring donde se desarrolla el nuevo combate es bien distinto. Se llama Cartagena y los colores, aunque pesan, no lo son todo. Y eso lo sabe hasta el púgil que está tirado en el suelo y aprovecha la cuenta atrás para coger fuerzas, antes de levantarse para limpiarse la cara y tratar de dar el golpe definitivo. O de recibirlo.

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