02 de mayo de 2019
02.05.2019
La Opinión de Murcia
El Mirador

¿Avanzamos o atrasamos?

01.05.2019 | 17:07
¿Avanzamos o atrasamos?

No hace mucho, llevamos a nuestro programa radiofónico de La Pinza, Radio TP 87.7 Fm (en Facebook Life) un asunto más que interesante: la privacidad y el derecho a la intimidad ante las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Muy controvertido tema, no me digan que no. Teníamos con nosotros a dos perfectos conocedores del asunto: uno, en desarrollos informáticos y un experimentado ciudadano. Si a los contertulios habituales se nos iba la pinza (se nos iba el programa) ahí estaban ellos para centrarlo y ponerlo en su sitio. Así es como funciona el invento o, al menos, así intentamos que funcione.

En fin, lo cierto y verdad es que conciliar nuestra privacidad con nuestras ventajas y comodidades actuales, e incluso con nuestra propia seguridad, resulta un tanto arduo y un pelín difícil, porque, a veces, hasta resultan ser cuestiones contrapuestas. Un par de ejemplos para que me entiendan: si queremos obtener nuestros servicios básicos, como bancarios, de seguros, o médicos, o todo tipo de prestaciones administrativas y ciudadanas, como la seguridad social, comercio electrónico, cualquier suscripción o contratación, y un larguísimo etcétera, no lo podemos hacer si no facilitamos nuestros datos personales. Es sencillamente imposible. La premisa consiste en que, si no los facilita, usted no existe. Otro ejemplo, que ya es casi que una norma básica de partida, y es que a mayor seguridad, menos intimidad. Las cámaras que nos salvaguardan de posibles violencias también invaden una parte de nuestra intimidad, ya que somos vigilados para ser protegidos.

Por lo tanto, si queremos un medio seguro y/o de cómodas prestaciones, hemos de arriesgar. Internet es un paradigma en sí mismo. No es que forme parte de la sociedad, es que ya ES la sociedad, y constituye la clave del concepto globalización, o mundialización, en su pleno sentido: comercial, económico y de información y conocimientos? Es una herramienta que conecta a personas, estrategias e intereses, y es un producto de masas inevitable. La cosa es: ¿existe garantía de neutralidad en esas nuevas tecnologías? ¿son plenamente democráticas? ¿respetan nuestros derechos fundamentales de privacidad realmente? y la pregunta del millón: a estas alturas, ¿podemos prescindir de lo uno para preservar lo otro? It ist the question, que dijo el de Elsinoor. Y esa question, es la reflexión crucial de si su derecho a la intimidad cabe en el mundo actual con el formato actual, esto es, tal y como hasta ahora se ha entendido.

Porque los riesgos no son solo los dos primeros ejemplos. Con nuestros datos personales, además de hacernos la vida más fácil, también se están manipulando nuestras tendencias y nuestras actuaciones políticas, económicas y sociales. Se le llama Desinformación, Post-Verdad, Fake News, etc. Con sus datos personales y los de millones de personas como usted se fabrican retratos robots de cada cual (gustos, tendencias, aficiones, preferencias, inclinaciones?). Supongamos que se suscribe a esas recepciones gratuitas de noticias. Si son nocivas, aún con apariencia contraria, se les enviarán manipuladas para obtener de usted una reacción determinada. Que lo suyo es estar contra la inmigración, pues solo recibirá las de ataques de extranjeros y violaciones, robos, asaltos de los sin papeles, etc. Que es un 'pro' en vez de un 'anti', un 'onegeísta' humanitario, ya sabe, pues las recibirá de palizas a los inmigrantes por parte de grupos nazi-cabezas-rapadas, ataques a indigentes, etc. Así se alimenta la xenofobia y el fanatismo racista, y su fundamentalismo contrario.

Ante tales retos, y otros no menos importantes y graves, solo cabe preguntarse si los mecanismos jurídicos tradicionales son suficientes para defendernos de los riesgos, sin menoscabo en el avance que supone su uso. Y creo, me parece, mucho me temo, que no. Es necesario adecuar las herramientas de investigación, legales y judiciales, para hacer frente a este inmenso reto. Y reforzar los mecanismos de garantías que protejan los derechos más elementales de las personas en materia, ya no solo de privacidad e intimidad, sino también de no ser mentalmente manipulados.

Pero, y esto quizá sea lo más importante, esos mecanismos valdrán de poco si no se acomete, con toda energía, un plan serio, formal y efectivo, de formación integral desde la más tierna infancia y escuela más elemental. No existe mejor arma que un buen Plan Educativo. Lo demás, el resto, no dejan de ser pañicos calientes muy poco valientes.

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