27 de abril de 2019
27.04.2019
La Opinión de Murcia
Cartagena DF

La victoria de los indecisos

27.04.2019 | 04:00
La victoria de los indecisos

La indecisión tiene mala prensa. Nos dicen que en esta vida hay que ser decidido y que, una vez nos hemos decantado en uno u otro sentido, hay que tirar hacia delante, sin echar la vista atrás. Ser decidido es una virtud, mientras que cuando te tildan de indeciso están remarcando un defecto. Es posible que sea así, porque, aunque nos pese, al final siempre nos toca mojarnos, porque si no lo hacemos, otros acabarán haciéndolo por nosotros.

El problema es que, a veces, las disyuntivas que se nos plantean son tan turbias que nos cuesta horrores decidirnos, hasta el punto de que nos vemos obligados a escoger entre lo malo y lo peor.

La campaña electoral que anoche tocó a su fin y nos sumerge hoy en una supuesta jornada de reflexión ha vuelto a ser una vergüenza, debates televisivos incluidos. Nuestros candidatos, a los que votaremos mañana, siguen empeñados en conducirnos por esa España cainita que nos resistimos a dejar de ser, por esa España en la que algunos presumen de que hemos fulminado el bipartidismo, pero donde mantenemos dos bloques antagónicos, enfrentados, generadores de diferencias, de distancias, de separaciones, de odios. Es el 'y tú más' de siempre, un o tú o yo, un conmigo o contra mí que solo nos aleja a los unos de los otros y al que muchos nos dejamos arrastrar, sin reparar en que los odios nos llevan al límite y nos precipitamos hacia los extremismos, que nos ciegan y nos ocultan sus maldades, para señalarnos, con un dedo tan acusador como hiperbólico, los siete males del contrincante, del rival, del adversario, del enemigo. Porque eso es en lo que nos están y nos estamos dejando convertir, en un país bicéfalo (que no bifálico) donde vamos a acabar siendo incapaces de mirarnos a la cara por ser de bandos contrarios.

Así es nuestra España, la que, a pesar de nosotros mismos ha alcanzado unos niveles de paz, prosperidad y bienestar envidiados en medio mundo y copiados en el otro medio. ¿Dónde estaríamos si, el tiempo que dedicamos a sacarnos los ojos entre nosotros, lo destináramos a menesteres y esfuerzos más provechosos?

Afortunadamente, en medio de esos dos bandos que tan parejos se muestran en las encuestas, se alzan los indecisos, tan o más numerosos como cualquiera de los grupos que ya se han decantado, una masa indefinida de ciudadanos que se resiste a las presiones, a dejarse llevar por esta campaña más marcada por las acusaciones y los insultos, por las mentiras y las medias verdades que por la realidad. Un conjunto heterogéneo que representa a un tercio de los españoles con derecho a sufragio que quiere votar con libertad y en libertad, sin más preguntas ni más presiones que el momento de verse frente a la urna. En sus manos estamos, sus votos decantarán el rumbo y el futuro de nuestro país. Y su victoria será nuestra victoria, porque, aunque nos empeñemos en olvidarlo, eso es la democracia.

Pase lo que pase mañana, gane quien gane, debemos aceptarlo todos, porque hasta que se invente un sistema mejor, si es que lo hay, estamos condenados a entendernos. Y si queremos cambiar las cosas, tendremos una nueva oportunidad dentro de cuatro años. O menos.

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