27 de abril de 2019
27.04.2019
La Opinión de Murcia
Al cabo de la calle

El pescado está vendido

26.04.2019 | 21:11
El pescado está vendido

Llegados a este punto la suerte está echada. Poco más se puede decir o hacer para convencer a los más rezagados, a los indecisos (si es que quedan). El producto se ha intentado vender aplicando prácticamente todas las estrategias comerciales presentes en el mercado, incluso y llegado el caso, comprando directamente los votos.

No olvidemos que nuestra cultura política de pasividad y consumo presenta las elecciones como un supermercado pletórico en el que la ciudadanía, reducida a la condición de meros consumidores, es llamada a 'comparar y elegir' el producto político manufacturado que más les convenga. Esta degradación de la acción a la que se nos convoca en los períodos electorales como el que está a punto de culminar (no se preocupen que el lunes continúa otro) es la que genera el caldo de cultivo de la corrupción que sigue marcando la vida política española.

La maquinaria comercial de buena parte de los partidos políticos así ha llevado estas semanas de precampaña y campaña, en las que en cada día había que destapar un tarro de las esencias para ganar atención en esta tienda de los horrores en la que hemos convertido lo que tendrían que ser las ágoras del debate y la discusión serenas. Las propias disputas electorales en los platós de las televisiones han puesto de manifiesto que la búsqueda de intervenciones ingeniosas o interrumpir al contrario primaban sobre las propuestas para la acción de gobierno.

De ahí que sea un buen momento para la reflexión sincera acerca de cambiar la forma de hacer política para hacerla de otra manera que pase necesariamente por la mayor participación y compromiso personal de las personas con la práctica política. Más importante que decidir nuestro voto es decidir cómo vamos a incorporar la dimensión política en nuestra vida cotidiana. Quienes participamos en organizaciones políticas, exigiendo en ellas que se atienda a las verdaderas necesidades del pueblo, buscando el bien común y priorizando a los más empobrecidos, y que los programas reflejen la acción de gobierno que efectivamente se quiere llevar a cabo. Muchas veces caemos finalmente en el juego de las peleas internas y de las luchas por estar en las listas que por la última razón de ser de los partidos. Quienes formamos parte de organizaciones sociales, haciendo visibles las demandas de éstas e interrogando sobre las mismas a quienes solicitan nuestro voto.

Por eso, un criterio fundamental para determinar si una propuesta electoral apunta a la democratización de las estructuras de poder, a la transformación social en función del bien común, es el espacio que le otorga a la participación social en la vida política, qué propuestas incorpora para reforzar la presencia de los agentes sociales, para fomentar el asociacionismo y promover una ciudadanía informada y participativa.

Y un aviso a navegantes: no caer en la tentación de movernos en torno a la agenda pública y mediática que marcan otros sobre aspectos que no son tan vitales como la lucha contra la desigualdad (económica, territorial y de recursos públicos), el desafío medioambiental con el cambio climático, el presente y futuro del trabajo (contra el desempleo, la precariedad y las condiciones de trabajo), el cambio en las estructuras económicas de un sistema cruel e injusto y la garantía del bien común. Todo ello en un contexto europeo del que no se ha hablado nada estos días.

Pues ya saben, mañana domingo, a la pescadería? y a votar.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook