21 de abril de 2019
21.04.2019
Semana Santa de Cartagena

Un cristo para supervivientes

"Manuel Baños deja la presidencia del Cristo de la Misericordia tras casi dos décadas en que la agrupación ha renacido"

21.04.2019 | 04:00
Un cristo para supervivientes

Se llama Ángel y sabe susurrar el Padrenuestro. Lo inició con brío y decisión, aunque su voz se fue apagando conforme avanzaba la oración, por el esfuerzo o por la emoción, o por una mezcla de ambas cosas. Acababa de ver a su Madre, la de toda Cartagena, desde la punta de la vara del trono, cuyo peso soporta con entrega y devoción desde hace 17 años y, en ese momento, cuando se había despedido de la Patrona y había girado para reintegrar el paso al desfile, en ese momento en que rezaba como Jesús nos enseñó, miraba hacia arriba, al rostro de su Cristo, para que lo bendijera con toda su Misericordia. El susurro se colaba en los oídos del portapasos que le precedía, que se sumó a su oración en silencio, con la misma emoción y la misma súplica, con el mismo nudo en la garganta.

La procesión se hizo dura en una noche de excelente meteorología, pero con mucho menos público de lo deseable para el brillante broche de oro con el que los californios cierran el día de la Patrona. Los inicios de la marcha fueron prometedores. «¡Vamos mejor que nunca, este es el mejor año!», proclamaba Ángel con un excesivo optimismo, que mantuvo durante todo el recorrido, incluso cuando el trono más caía y se clavaba en el hombro, en el alma. No paraba de repetirle a todo el mundo que el próximo año sería el último para él, que saldría con su hijo, que también se llama Ángel, y que confiaba en que le diera el relevo en su puesto y su devoción hacia su Cristo, aunque lo decía con más orgullo que convicción.

Ángel forma parte de esta agrupación de supervivientes desde que hace casi dos décadas se quedó huérfana. La anterior directiva perdió las elecciones y el derrotado presidente se llevó la imagen, que ahora sale a la calle como el Cristo del Lago. La escultura era de su propiedad y dejó a sus hermanos sin talla y sin buena parte del patrimonio con el que desfilaban. Fue un momento más que crítico, pero los californios de la Misericordia no se amilanaron. Surgió un nuevo grupo, liderado por Manuel Baños, con un claro objetivo. Había que salir como fuera. Ha llovido mucho desde entonces, incluso ha habido más diferencias internas, más momentos duros, pero todo se ha ido superando.

Por eso, cuando el pasado Viernes de Dolores, Baños se acercó a las varas del trono para despedirse de los portapasos y anunciarles que dejaba de ser su presidente, no pudo reprimir alguna que otra lágrima. Por su cabeza pasaría ese primer año en que salieron prácticamente con todo prestado, incluida la imagen del Cristo, que les dejaron en la parroquia de Los Dolores. Ese primer año en que exmiembros de la agrupación les lanzaron huevos y les insultaban y gritaban: «¡Fariseos, vosotros no sois los portapasos del Cristo!», a lo que la gran mayoría de ellos respondieron con respetuoso silencio. También se acordaría de cuando estrenaron la nueva imagen que José Hernández creó sosteniendo la Cruz, sujetándola y sujetado a ella, como convencido de que nadie se la volvería a quitar nunca más. Y también le vendrían recuerdos más profanos, como ese año en que un famoso actor se enfundó un traje de portapasos. El cómico le abría paso al trono mientras repartía postales al público, a la vez que las usaba para estampar los autógrafos que le pedían.

Baños ha estado al frente de personas como Ángel, que han sido leales a su Cristo, arrimando el hombro cada noche de Viernes de Dolores. Y, sobre todo, ve el momento de dejar la presidencia porque, con todo lo que han pasado, siempre ha habido manos dispuestas para trabajar. Se va con la satisfacción de haber resurgido a una agrupación con un Cristo hecho a la medida de supervivientes.

Que viva por siempre el Cristo de la Misericordia, pase quien pase, esté quien esté, mande quien mande. Que aprendamos a susurrarle que se haga su voluntad, que perdone nuestras ofensas. Que aprendamos, como Ángel, a susurrarle el Padrenuestro.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook