19 de abril de 2019
19.04.2019
La Opinión de Murcia
Mamá está que se sale

Procesiones

La Semana Santa cada cual la vivirá como quiera, pero, desde luego, es una mezcla de devoción y de folclore, aunque la ocasión religiosa invite a vivir las virtudes cristianas

18.04.2019 | 20:40
Procesiones

Este año ha sido la primera vez que he visto, que yo recuerde, la procesión de los Coloraos entera. De pequeña, desde luego, no la recordaba, y más recientemente, cuando los críos eran pequeños, era imposible aguantar tanto, así que algunos pasos se puede decir que no los había visto nunca. Encima, a Antonio y a Cristina los tambores les atraían y les aterrorizaban a partes iguales, por lo que las procesiones fueron terreno vedado para nosotros durante un tiempo. Por eso, el paso de la Dolorosa, por ejemplo, era la primera vez que yo lo veía así en vivo en procesión. Verla venir desde el fondo de la Trapería, 'caminando', llevada a hombros por los costaleros, me pareció alucinante. Parece que flota, pero de eso nada, que Elena y Belén fueron preguntando a los costaleros que paraban delante, cuánto pesaban los pasos, y les dijeron que algunos pesan más de 2.000 kilos. Y no eran los más grandes. Madre mía. Dos 2.000 a hombros, cuatro horas seguidas, con pequeñas paradas para repartir caramelos y hacerse fotos con los cuñados, ahí es nada.

¿Tú crees que esto se hace por devoción cristiana? Yo no lo creo. Hombre, algo habrá, y será cosa de cada uno, pero las procesiones tienen un componente folclórico, añadido al significado místico, que hace que sean inigualables, tanto para los que salen llevando el paso o de penitente, como los que participan viéndola.

Ésta de los Coloraos, y la de los Salzillos, son las más antiguas. De hecho la procesión de los Coloraos data nada menos que de 1.411. La de los Salzillos, ves tú, es más 'moderna', no se fundó hasta 1.600, casi dos siglos más tarde. No sé si ya en el siglo XV los cofrades tenían la previsión de llevarse la merienda en la 'sená', donde llevan ahora los caramelos, pero sí que he leído por ahí que antiguamente, cuando venían desde la huerta de Murcia a la capital para ver la procesión, los huertanos traían las alforjas llenas, tanto para ellos como para los menesterosos con los que pudieran encontrarse. Ese es el origen de la tradición de que los nazarenos en Murcia repartan caramelos en las procesiones, el carácter murciano, generoso y desprendido. No me extraña que la Semana Santa, entera, sea patrimonio de interés turístico internacional.

Pues eso, que la Semana Santa cada cual la vivirá como quiera, pero, desde luego, es una mezcla de devoción y de folclore, aunque la ocasión religiosa invite a vivir las virtudes cristianas, por cierto, la primera de ellas, la caridad, y qué mejor ocasión que la Semana Santa, seas cristiano o no, para ponerlas en práctica. Una visión mística de las cosas siempre las hace más fáciles.

Mira Notre Dame, han conseguido en un día más dinero para reparar el estropicio del incendio que nunca. Y eso que hace cinco años intentaron empezar las obras, y se vieron incapaces de conseguir una cantidad de dinero ridícula, que se necesitaba para empezar unas reparaciones que, por desgracia, se ha visto que eran necesarias. La visión colectiva trascendental de que lo que ha ardido no son unas piedras bonitas, sino el alma y la historia de Francia, ha hecho que todo el mundo se vuelque. Unos pagando, y otros rezando, pero todos unidos por el mismo propósito. Yo le pregunté a mi amiga Santi, que vive en París desde hace años, y me contó que estaban desolados y en shock. Como cuando derribaron las Torres Gemelas. Que se veía el incendio desde casi todo París. Me dijo también que todas las iglesias de Francia habían hecho sonar las campanas en honor a Notre Dame. Qué curioso, que en plena Semana Santa toquen todas las campanas, cuando celebramos la muerte y resurrección de Jesucristo, profeta para algunos, Señor para el resto.

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