17 de abril de 2019
17.04.2019
Cartagena DF

Es sagrada

17.04.2019 | 04:00
Es sagrada

Es verdad que somos únicos. Porque sólo en nuestra Cartagena consentimos que se maltraten nuestros tesoros, entre los que la Semana Santa es uno de los más preciados. Porque vale que no tengamos aún AVE, pero no puede ser que a una ciudad que presume de ser turística y aspira a seguir creciendo en este campo no se pueda llegar en tren para disfrutar de su día más importante. Y no soy ningún fanático de nada ni me considero un oportunista, pero verán como no ocurre nada parecido con el Bando de la Huerta.

No puede ser que el itinerario de nuestras magníficas, rigurosas y detallistas hasta el extremo procesiones esté repleto de solares abandonados, de edificios ruinosos y de andamios y telas que no consiguen tapar nuestras vergúenzas. Lo peor es que hemos consentido que esta mala imagen afecte incluso a los dos templos más importantes de nuestros desfiles, la iglesia de Santa Maria, centro neurálgico y epicentro absoluto de nuestra Semana Santa, y la Basílica de la. Caridad, cuya obra del edificio anexo parece interminable.

No puede ser que, como ocurre todos los años, la contratación del servicio de sillas sea una auténtica agonía, hasta que se tiene que llegar a un acuerdo in extremis en el que siempre perdemos los de siempre, porque las progresivas rebajas del canon no se dejan notar luego en la adquisición de los tiques para sentarse.

No puede ser que un mosaico de cerámica tan grandioso y relevante como el de la Virgen del Primer Dolor, situado en un punto tan estratégico como frente a la sede de la cofradía california y junto a la iglesia de Santa Maria tenga el enorme foco con el que cuenta en la parte superior apagado estos días.

No puede ser que presumamos durante diez días de una gran solidaridad entre las cofradías, de que contamos con un impresionante patrimonio que lucimos en las calles, para que después seamos incapaces de abrir un museo donde poder disfrutar todo el año de nuestra gran Semana Santa. Lo peor no es que se hayan rendido, lo lamentable es que directamente obvian este asunto, lo que demuestra la indignante falta de interés hacia este proyecto.

No puede ser que nuestras procesiones sean un argumento político que gobernantes y oposición manosean como arma arrojadiza, con promesas o acusaciones, según se tercie, y que, a la hora de la verdad, acabamos lamentándonos siempre de la tremenda falta de promoción, que tanto peso resta a nuestros impecables y singulares desfiles en el panorama nacional y en los telediarios.

La representación callejera de la Pasión, Muerte y Resurrección es junto con el rico patrimonio arqueológico, uno de los mayores tesoros que hemos heredado de nuestros antepasados. Y, al igual que ocurriría con cualquiera de nuestros monumentos, si lo descuidáramos, si no cuidáramos los detalles, si no actuáramos para darles realce e Importancia, acabarían en la ruina.

Afortunadamente, aún son muchos, muchísimos los que se desviven y se entregan con total generosidad para hacer realidad todos los años el milagro de nuestras procesiones. Gracias a Dios, siguen siendo un reclamo turístico importante y las calles del centro están a rebosar de gente durante estos diez días en que se revoluciona la ciudad. Pero también es verdad que no debemos caer en la autocomplacencia, en la desidia ni en el descuido de los detalles. Damos por hecho que nuestras procesiones son eternas y no seré yo quien lo ponga en duda, pero hay síntomas preocupantes contra los que deberíamos combatir. Porque me consta que desde hace algún tiempo, buena parte de las agrupaciones se las ven y se las desean para completar los tercios o para llenar sus tronos de portapasos, lo que evidencia que el número de jóvenes que se interesan y se implican en las procesiones es insuficiente.

No pretendo ser alarilmista ni tremendista. Lo único que persigo es que recordemos lo que todos los cartageneros y, muy especialmente, los cofrades sabemos: Nuestra Semana Santa es sagrada y como tal se debe tratar. Nosotros los primeros.

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