17 de abril de 2019
17.04.2019
Panel electoral

El enfado de la UCAM

17.04.2019 | 04:00

Hace unos días hemos conocido la campaña que ha emprendido la Fundación Universitaria San Antonio para intentar evitar un posible juicio por delito urbanístico. A toda costa quiere que se le reconozca el interés público de su negocio y no duda en acusar al PP (hasta hace bien poco su aliado) de persecución, y buscar una foto de José Luis Mendoza con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como aviso ante las próximas elecciones. Todo esto después del fracasado intento de condenar a los técnicos de la dirección general de Bienes Culturales por mantener paralizada la expansión urbanística de la UCAM en terrenos protegidos.

Hay que dejar claro que los problemas de esta fundación con la justicia no vienen de ninguna inquina personal como aseguran, intentando hacer ver que son víctimas de un complot. Todo el mundo se alegra de que una 'empresa' pueda ir bien siempre que su funcionamiento se ajuste a la legalidad, y que ese avance sea por méritos propios y no a costa de bienes públicos.

El monasterio de los Jerónimos está declarado Bien de Interés Cultural desde 1981, y, como exige la Ley de Patrimonio de la Región de Murcia, en 2012 se aprobó un entorno de protección para asegurar la buena visibilidad del monumento y la conservación del entorno agrícola tan vinculado al monasterio. No hace falta hablar de los valores históricos, culturales, ambientales y paisajísticos por los que se declaró BIC, pero, al parecer, la Fundación San Antonio y su presidente, José Luis Mendoza, no piensan lo mismo, y desde que ocuparan este espacio han expandido su universidad a costa del valioso entorno de huerta que lo caracteriza y de los terrenos públicos de El Corralazo cedidos por el PP con Miguel Ángel Cámara como alcalde de Murcia.

Y uno se pregunta: ¿cómo es posible que en un entorno protegido con el más alto grado que permite la Ley de Patrimonio Cultural se hayan levantado diversos pabellones sin licencia? ¿Cómo se ha realizado un tremendo desmonte de varias hectáreas llevándose por delante un edificio protegido? ¿Cómo se han asfaltado grandes zonas para aparcamiento y está pendiente de aprobación un proyecto de campus con numerosas edificaciones y pistas deportivas? Pues precisamente por el apoyo del partido que ha gobernado la Comunidad Autónoma y el municipio de Murcia durante todos estos años, y al que ahora el señor Mendoza acusa de persecución. Así, en 2015 el Ayuntamiento vio desestimado por el Tribunal Superior de Justicia su pretensión de reducir el entorno de protección de 106 hectáreas a solo 27 alegando que era desproporcionado, de manera que la expansión de la UCAM se pudiera hacer sin problemas. A esto hay que añadir la dificultad de los funcionarios de Bienes Culturales para desarrollar su trabajo y las denuncias de asociaciones y partidos políticos que han permanecido durante mucho tiempo en cajones, viendo la luz cuando la justicia ha comenzado su investigación.

Ante esta situación y la retirada de apoyo del PP por miedo a verse implicado en las investigaciones judiciales, la única escapatoria de la Fundación San Antonio es conseguir la declaración de interés público, una declaración que se utiliza demasiadas veces como coladero para hacer viables proyectos privados que las normativas y leyes no permiten, ignorando que el verdadero interés público es la conservación de nuestro patrimonio cultural, ambiental y paisajístico. Podemos decir que sitios para construir universidades hay muchos, pero que el monasterio de los Jerónimos y su entorno son únicos, y, por tanto, el interés debe estar en su protección y conservación.

El Ayuntamiento tendría que haber mantenido El Corralazo como espacio verde municipal, y la Fundación San Antonio haber adquirido terrenos apropiados para la expansión de su universidad fuera del entorno protegido y de la Huerta, conservando tanto el monasterio como su entorno en las condiciones que exige la Ley de Patrimonio. De esta forma, no se habrían encontrado con esa persecución de la que dicen ser víctimas. Pero, claro, hay quienes prefieren los atajos y, como los niños malcriados, se enfadan cuando les quitan el caramelo.
 
 
 

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook