14 de abril de 2019
14.04.2019
La Opinión de Murcia
Achopijo

Santo lunes murciano

14.04.2019 | 04:00
Santo lunes murciano

No llega el sol de Primavera al callejón de las Angustias, aunque después de dos bacalaos sea la primavera murciana misma la que pasea por la luz tenue de Luis de Rosario, la mañana del Besapié, la mañana magenta, que diría el plumilla, cuando Murcia se inunda de huerta castiza, que escribimos cien veces atrás cuando contábamos las procesiones en el argot cofrade, sintiéndolo.

Pasan los años, y esa mañana llega cada vez antes, y antes calamos los vivas al Perdón y nos los quedamos ahí adentro, donde ya hicieron poso los vermús de incontables primaveras. Dice la canción de Andrés que más quisiera que pasar la vida entera como estudiante el día de la primavera, y es la frase para aquellos Lunes Santo en los que llegar al callejón de las Angustias era como descubrir que era allí, en el tuétano de Murcia, donde de verdad comenzaba la primavera, donde comenzaba el renacimiento de la ciudad, año tras año, donde desvencija con graciejo huertano la alegría de la ironía fina, la que azuza Pedro cual premio Nobel de murcianía.

Y llega ya. Un año más y ya por la noche se hace difícil dormir con edredón y se percibe ese fresco inusitado que aborda al viandante cuando gira sobre el eje de la ciudad de Murcia, en ése callejón en el que la última vez que un rayo de sol entró nadie de los vivos vivía. Llegan los abrazos y los brindis, llega el recordar y el alabar a aquellos nazarenos que ya no están, y no sólo a los que se fueron para no volver, y no sólo a los nazarenos, llega el momento en el que toca celebrar lo que somos y compartimos, sea vestido con túnica después o con los Ángeles al hombro, repartiendo culpas y cambiando pesos por sonrisas.

El Perdón se nos metió dentro, como estudiantes el día de la primavera, y ya es imposible sacarlo. San Antolín es nuestro barrio de Lunes Santo, y lo será por siempre. Y poco importa nada todo lo demás cuando se trata de mirarse dentro, de compartir y de saber pedir perdón, pero más, saber perdonar. Me llevo este año muchas cosas a la noche magenta, en especial los abrazos que hay que dar cuando te falta alguien, que siempre, siempre se convierten en vida. Y eso, amigos, es lo único que tenemos y no debemos olvidar. Tenemos vida. Nos vemos en la sombra de las Angustias, que llega el día de la primavera. Viva el Perdón! Vale.

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