14 de abril de 2019
14.04.2019
En la silla de pensar

Madre imperfecta, una amenaza social

13.04.2019 | 20:58

Tengo la certeza de que en la libreta donde San Pedro apunta a los que pueden entrar en el cielo, no aparece mi nombre. Tengo la certeza por muchas cosas, pero esta semana me han confirmado que ser madre en una familia monomarental supone convertirse en una amenaza de primer orden para la sociedad. Me he convertido, así a lo tonto, en un arma de destrucción total que puede remover los cimientos de la sociedad como la hemos conocido. Me lo ha dicho a mí y al mundo una investigadora de la universidad Carlos III.

Las familias monomarentales, según esta honorable señora, somos las causantes de la delincuencia, de los suicidios, de la homosexualidad, de la violencia de género, de las adicciones a las drogas, al juego, al chocolate y convertimos a nuestros hijos e hijas en seres inertes al albur de nuestras arbitrarias decisiones de mujeres locas con superpoderes que los manipulamos a nuestro antojo.

Me he enterado esta semana, además, que somos, estas madres solas, las causantes del fracaso escolar (seguro que esa niña de Youtube que dice que su mayor deseo es «que la escuela sea dextruida con una bomba de dextrucción», vive con una madre sola).

Cuando leí el artículo y después me tuve que enfrentar a una reunión de mediación familiar, me explotó el cerebro, no literalmente, pero debería haberme explotado.

No me considero mejor madre que nadie, Dios me libre, pero peor tampoco. Soy madre en una familia monomarental, como muchas otras que por decisión propia han tomado las riendas de su vida y que responsable o irresponsablemente crían a sus hijos e hijas solas. O no tan solas, pues en esta sociedad el apoyo familiar y del círculo de amistades sigue funcionando. Esa forma de vivir es tan respetable como cualquier otro tipo de familia. Respeto es lo único que hace falta para no criar delincuentes que luego llegen a las universidades a decir estupideces o se hagan políticos, jueces, policías, ingenieros de caminos o tractoristas.

No pensaba que mi actitud rebelde e irredenta supusiese ningún peligro social; es más, no pensaba que la sociedad dejara libres y sin castigo a todas esas mujeres que a lo loco van por ahí llevando a sus hijos a la escuela tan felices, con aparente integración en el sistema y que luego en la intimidad de la casa hacen conjuros y elaboran pócimas malignas que añaden a la olla exprés para que los zagales se tomen unas lentejas envenenadas con el germen de la maldad mundial.

De verdad que no me creía tan importante, pero si los estudios de prestigiosas universidades lo dicen por algo será, no voy a ser yo, una madre de familia monomarental la que lo contradiga.

Por otro lado, pienso que las madres somos madres independientemente de nuestro estado civil y, por tanto, las circunstancias en las que nos enfrentamos a la maternidad son tan variadas como mujeres dispuestas a parir, que por otro lado, son cada vez menos y no me extraña con las cosas que tenemos que escuchar y sufrir. Entonces, según la oficialidad, ¿qué es lo que está mal? ¿ser madre? ¿ser madre sola? ¿ser, no madre? ¿vivir?

Son unos miserables los y las que menosprecian, minusvaloran y faltan al respeto a todas las mujeres, a todas, y me da igual que me tachen de feminista radical, de monjita de la caridad o de lo que cada persona que lea esto piense de mí. Son unos miserables los y las que ven en una madre a un ser desaprensivo, cruel, malvado, que ataca los valores que no sé quien ha establecido que sean los correctos. Seguro que hay madres malas, y padres malos. Seguro que hay mujeres malas y hombres malos, pero estigmatizar a las madres solas es injusto e injustificado. Como dice la canción, si se callase el ruido podríamos oír la lluvia caer, y analizar de verdad que en lo que motiva el fracaso de esta maravillosa sociedad sin esperanza.

En esta campaña electoral a nuestros políticos se les llena la boca con ideas peregrinas sobre maternidades, asignaturas académicas, modelos de sociedad, cloacas policiales, bajadas y subidas de impuestos, juego de sillones y otras muchas absurdeces y nadie se pregunta si son ellos la verdadera causa del fracaso del modelo. No, eso no, es mejor pensar que todos ellos y ellas seguro que han pasado una infancia traumática con madres desnaturalizadas que se empeñan en ser dueñas de sus propias vidas.

Lo que decía, tengo la certeza de pasar la eternidad en el Averno, junto a mis vecinas, amigas, y compañeras que hemos elaborado un plan maquiavélico para dextruir el mundo.

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