12 de abril de 2019
12.04.2019
La Opinión de Murcia
Verderías

De puente

11.04.2019 | 21:06
De puente

Acabo de escuchar por la calle una frase demoledora: «¡Ni Fondo Monetario Internacional ni leches, yo este puente me lo tomo!». A saber a qué se refería, pero así, textual y surrealista, el desconocido paseante que la pronunciaba diagnosticaba a la perfección lo que hay que entender cabalmente por ocio: se caiga el mundo, explote el universo, vuélvanse del revés los países y las ideologías, eche chispas el teléfono laboral, sobrevengan terremotos o expulse la tierra flamígeras fumarolas, que a mÍ este puente me coge lejos, o cerca, con la familia o los amigos, con el último libro de Eduardo Mendoza entre las manos, con paseos por la playa primaveral o alternativamente con un paseo por el monte, con su correspondiente arroz con conejo aderezado de romero y amistades, o el viaje por el interior de uno mismo que es el cine, o hacia el exterior, por aeropuertos, carreteras y caminos que siempre parecen conducir donde justo quieres estar.

Es, simplemente, el ocio. Quizás el mayor activo personal e intransferible que algunos se empeñan en malgastar ocupándolo en colas y más colas ante los accesos o las cajas de las grandes superficies comerciales, abiertas en días inconvenientes para darnos la gran oportunidad de continuar, también en vacaciones, con la misma opresiva dinámica del día a día. Todo un descubrimiento de la sociedad de consumo que no sabe ya qué hacer para que nos gastemos de un golpe en fin de semana el dinero ganado durante los días anteriores, para luego tener que seguir trabajando la siguiente a la espera del próximo momento en que nos gastemos de golpe el dinero que luego tendremos que volver a ganar en la semana para así construir un ciclo infinito del que solo se sale diciendo basta.

El ocio es cátedra de vida. Porque la personalidad no se construye sólo a base de enseñanza o trabajo, sino sobre todo a pelotazos de tiempo libre. Los minutos pasados con el objetivo de no hacer nada productivamente importante son a menudo los momentos más formativos, los que te permiten el contacto contigo y con los otros, y los que te van ampliando los horizontes de vida y aún los culturales. Uno podría dejar de ir a la universidad y hacerse experto en todo, ciudadano maduro, perito en lunas, catedrático en amores, a condición de que su ocio sea responsable y creativo. Y uno puede embrutecerse, tirar su vida por la ventana, aculturizarse por muy formado que se crea, si dedica sus momentos más libres a lo que no le produzca verdadera plenitud en su mente y, por supuesto, en sus carnes, convencido de que la felicidad no se desea, sino que se conquista o te la regalan.

Las fiestas y los puentes son calificados a veces por analistas económicos como un ataque a la productividad. Y yo les digo que se equivocan. Lo que te hace feliz te vuelve más sabio, más útil y más trabajador cuando te toca.

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