11 de abril de 2019
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La mort, toujours la mort

10.04.2019 | 20:43
La mort, toujours la mort

Hace un año se estrenó una peculiar versión de la ópera Carmen de Bizet, en el teatro del Maggio Musicale de Florencia, en cuyo final Carmen mata de un tiro a Don José. Leo Muscato, su director, quería denunciar la violencia machista. Las entradas se agotaron para el día del estreno que fue acogido con aplausos y abucheos por parte de quienes no compartían que el director hubiese adulterado la obra original. La noticia tuvo eco internacional.

Existe una base de datos on-line, Operabase, en la que se registran las personas que componen ópera, las obras más representadas y los teatros en los que se programan. Contiene estadísticas bastante fiables a partir de las que se pueden elaborar estudios y análisis sobre los matices de cada ópera. Si analizamos los desenlaces de cada una de las cincuenta óperas más representadas durante 2017 en todo el mundo, nos encontramos con que un 42% de ellas terminan con la muerte de la protagonista. De entre todas, el 11% son feminicidios, el 47% son suicidios y el 43% restante por causas diversas relacionadas con su fragilidad.

En los dramas operísticos, las mujeres poseen una personalidad fuerte que se traslada al canto.  La ya mencionada Carmen de Bizet es, quizás, la más conocida de la historia de la ópera. Representa a una mujer orgullosa y empoderada, a excepción del desenlace porque es asesinada por su anterior amante, que no tolera que ella rechace su compañía.

Si analizamos las otras causas de defunción, nos encontramos con una debilidad patente en los personajes femeninos. En La Traviata de Verdi, obra que encabeza el número uno de Óperabase, y en La bohème de Puccini, tanto Violetta como Mimí mueren de tuberculosis y, en Lucía di Lammermoor de Donizetti, la protagonista muere de locura. Es patente que la representación de 'lo femenino' obedece a una concepción de los roles de género en los que la mujer es endeble o, en caso contrario, debe ser sometida.

Aún más, algunos analistas sostienen la teoría de que en ciertas óperas románticas wagnerianas, la mujer estaría representada en la orquesta con vientos y cadencias plagales (más inestables por su carácter subdominante), mientras que los hombres encabezarían las cuerdas y las cadencias perfectas, más fuertes y conclusivas. Teniendo en cuenta que la teoría musical occidental es jerárquica y que, dentro de esa jerarquía, se utilizan conceptos como 'cadencia femenina' cuando se habla de una cadencia en tiempo débil, no es difícil darse cuenta de las características asociadas a la mujer. También, en Óperabase está el ranking de los doscientos compositores más representados del año. La primera mujer aparece en el puesto 108 y es la joven austríaca Elisabeth Naske; la segunda es la finlandesa Kaija Saariaho, en el 174 y la tercera es la alemana Irister Schiphorst que ocupa el 191. Todas vivas. No sabemos cuántas ha silenciado la historia por su condición de mujer.

Ya en el año 2012, en una iniciativa muy novedosa, el colegio de abogados de Oviedo abordó la violencia de género con unas jornadas tituladas Violencia de género en el teatro lírico universal. Profesionales de la abogacía, de la sociología y de la psicología reflexionaron sobre el maltrato a la mujer puesto de manifiesto en algunas piezas operísticas. En este sentido, ante la cuestión de si la muerte de la Carmen de Bizet tiene como causa el amor o, más bien, la posesión que sentía Don José hacia ella, cobra sentido la declaración de la musicóloga y feminista Susan McClary: «La música puede hacer olvidar el argumento». Nos pasa desapercibida esta representación de la mujer por 'normalizada'. Con frecuencia las heroínas del bel canto son mujeres desgraciadas, maltratadas y asesinadas, como ocurre en Desdémona o Isolda, que son otro ejemplo de obras donde el papel de la mujer ocupa un lugar de perdición sin que el público advierta que es un destino de género.

La expresión creativa tiene que ser libre, sin cortapisas ni censura. Desde esa premisa nada nos impide analizar y comprender la cultura que subyace en la obra. ¿No se han realizado múltiples estudios sobre la misoginia de Don Juan? Aceptando que es necesaria una mirada crítica sobre aspectos que, a veces, la obra nos hace olvidar, como es el caso de la ópera. Porque no queremos que las futuras generaciones sigan sin advertir los estereotipos de género asociados a la cultura.

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