11 de abril de 2019
11.04.2019
La Opinión de Murcia
Lo que hay que oir

No comas comas

10.04.2019 | 21:44
No comas comas

Soy esclavo de la publicidad. Gracias a la publicidad me he creado necesidades que nunca antes había necesitado. Si la publicidad me dice 'so', freno; y si 'arre', arreo. Cambio de móvil cada seis meses; de coche, cada año; de piso, cada tres. Cambio de manera de pensar docenas de veces al día, según aconsejen los avisos comerciales que lea en la prensa, vea en la tele, me entren en el celular, oiga por la radio o me asalten desde los muros y mupis de la patria mía. A mí, lo que me diga la publicidad.

De ahí que lleve una temporada loco perdido de la cabeza por culpa de una premiada campaña que acierto muy bien a saber lo que dice, pero que no sé muy bien si quiere en realidad decirme lo que me dice. Nos presenta una fotaza de un hombre que reflexiona en porretas y otra de una mujer que asimismo reflexiona en pelota picada, sentados tanto uno como la otra sobre una montañita de ropajes y con un lema que reza lo siguiente: «Piensa. Luego compra». Lo que dice literalmente el anuncio es que piense y que, por lo tanto, compre, que no sea panoli, que me deje de ahorrar y que consuma. Pero ¿querrá decir acaso que me lo piense primero y que después compre? Pues a lo mejor sí, oyes. Pero entonces faltaría una coma.

Así que abro mis gramáticas y repaso el uso de la coma. Qué sinvivir. Las comas hay que ponerlas solo cuando es imprescindible ponerlas. Si el sentido de lo que se dice queda claro sin la coma, se prescinde de ella. Álex Grijelmo nos da un consejo gramático y dietético: «Cuanto menos comas, mejor». Es lo que denuncia José Antonio Millán: «Cuando una persona poco culta quiere hacer alarde de puntuación, las comas suelen ser las primeras en sufrir... por exceso».

Ojo al parche, que hay comas imprescindibles para que se entienda bien lo escrito. Es muy célebre la frase «Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría a cuatro patas en su búsqueda». Frase que un machistorro convertiría en «Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda», con solo cambiar de posición la coma. Y no es lo mismo que un antropófago amenace con un «Vamos a comer niños» que la encargada del comedor escolar anuncie: «Vamos a comer, niños». No es lo mismo «No me gusta leer» que «No, me gusta leer». Tampoco, «No tenga clemencia» que «No, tenga clemencia». Mucho cambia la cosa si se decide «Perdón imposible, que cumpla su condena» en vez del magnánimo «Perdón, imposible que cumpla su condena». «Muere Mandela» es información; «Muere, Mandela» es incitación al magnicidio. «Alejandro Sanz, reina en la música española» convierte al madrileño en drag queen, mientras que «Alejandro Sanz reina en la música española» lo eleva a la cumbre del pop. Por acabar ya con los ejemplos, parece innecesaria la advertencia «Prohibido fumar gas inflamable» cuando lo que se quiere es que no se fume, pues hay gas, o sea, «Prohibido fumar, gas inflamable».

El anuncio de ropa al que me referí al comienzo juega con el «pienso, luego existo» (o «pienso, luego soy»: el famoso cogito, ergo sum en latín). Pero, al prescindir de la coma, lanza un mensaje equivocado, un mensaje que contradice su deseo de que pensemos si la ropa nos quedará bien, si será de nuestro estilo, si la necesitamos. Debería haberse escrito así: «Piensa. Luego, compra». Reflexiona primero y ya luego vas y compras si eso. Una humilde coma, aquí sí que necesaria.

¿Ningún publicista se ha dado cuenta del error, con la pasta que se invierte en estas movidas? ¿Así andamos? Quién sabe. Quién sabe si el mensaje subliminal es que compremos y que ya luego vayamos y pensemos si eso. O sea: «Piensa luego. Compra».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook