05 de abril de 2019
05.04.2019
La Opinión de Murcia
El año de la cabra

La España que nos preparan

Lo que nos preparamos a ver morir tras las próximas elecciones es esa igualación que, en la práctica, nunca existió

05.04.2019 | 15:01
La España que nos preparan

Lo grave no será que acabemos acantonados. Que eso ya casi lo estamos en las diecisiete republiquillas construidas para la clase gozante. Lo grave es que acaben acantonados solo ellas, las 'naciones históricas', pero con su dominio colonial intocado sobre las 'no naciones' castellanas. Este proceso imparable, paralelo al prusés y bajo su impulso, no comenzó hace seis años, sino hace ya cuarenta, cuando la Constitución cayó en el error de diferenciar las tierras de España entre nacionalidades y regiones. Esa fue la primera cesión y el trampolín desde el que la deslealtad nacionalista se lanzaría a consolidar un sometimiento que venía ya del franquismo: el de las regiones pobres frente a las ricas (Cataluña, el País Vasco, la Navarra que será vasca mañana€), semejante al de las comarcas pobres frente a las ricas, como ocurre en esta desnortada Región de Murcia.

Sin embargo, la propia Constitución del 78 establecía la vía del artículo 143 (que yo siempre llamé '143 Licor de Huevo', en parte como homenaje al licor de mi adolescencia y en parte porque sospechaba que aquello no era más que un engaño) para que todas las regiones alcanzaran la igualdad con esas supuestas nacionalidades históricas. Lo que nos preparamos a ver morir tras las próximas elecciones es esa igualación que, en la práctica, nunca existió. Todo lo que viene, todo lo que se nos ha ido inoculando desde el separatismo y la izquierda, sobre todo desde que es Ziquierda, con el estentóreo silencio y la inoperancia de la derecha, es la consagración de esa España dividida en cuatro naciones que constituye el eje ideológico del grupo bautizado como Galeusca (Galiza, Euskadi, Catalunya) desde 1923. Ellos han sido tenaces y han sabido siempre adónde iban. Mientras, el Estado y el resto de los españoles jugábamos a matarnos, sin advertir adónde se nos conducía entre el silencio de los corderos.

Con lo que no contaban, acaso, en el Galeusca de 1923 es con que la izquierda española acabaría sumándose a su proyecto ya desde la II República. Y que creyera que adherirse a las burguesías nacionalistas era sólo una fase de la revolución a la que aspiraban, sin entender que una vez que los nacionalismos han calado en los pueblos ya son difícilmente recuperables para proyectos de igualdad social: el nacionalismo se hizo para lo contrario, para santificar la desigualdad de los orígenes, las razas, las etnias, las castas, las lenguas.

Hoy sólo asistimos a la renovación de ese pacto reaccionario y tontucio. Hace unos días, el líder del comunismo postmoderno, Pablo 'Chalet' Iglesias, actualizaba su programa de 2016 que ya proponía un referéndum 'con garantías' para que los catalanes «puedan decidir el tipo de relación territorial que desean establecer con el resto de España». Fíjense bien: para que los catalanes puedan decidir cómo quieren relacionarse con los demás, pero sin que los demás podamos decir ni pío. Es decir, exactamente lo mismo que el golpe de Estado contra la igualdad y la Constitución que el nacionalismo catalán llevó a cabo hace año y medio. El programa de Puigdemont y Torra. Y por eso, su actual campaña gira sobre un referéndum, por supuesto siempre sólo para ellos, con tres opciones: sí, no, y nos quedamos como nos salga de los cojones.

Y es a eso a lo que enseguida se sumó Iceta con unas declaraciones cuyo contenido esencial conocemos más que de sobra todos los que sabemos qué encierra el PSC: que dentro de quince años, referéndum e independencia: «Avui, paciència; demà, indepèndencia».

Lo que fue corroborado hace una semana por Carmen Calvo, la ideóloga-gobernanta de Sánchez, al declarar que «el PSOE no renuncia a la idea de perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional de España», que es lo que hará posible todo lo demás. Y así, una vez desintegrada en naciones la antigua España, ya nadie podrá impedir que cada región tenga que apañárselas sola, y las ricas dominarán a las pobres, que es el orden natural de las cosas. Salvo en las pensiones, que tendremos que seguir pagándoselas, porque en el Galeusca van hacia el envejecimiento y la extinción. Pero jodiendo.

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