03 de abril de 2019
03.04.2019
Lo veo así

Obsolescencia de nuestra diplomacia

02.04.2019 | 19:18
Obsolescencia de nuestra diplomacia

El 'dejar hacer, dejar pasar' de Rajoy en la cuestión catalana, sin enterarse, o sin querer enterarse, de lo que estaba pasando; la inoperancia de los servicios de inteligencia españoles que parecen estar en la inopia; la incapacidad de las embajadas españolas en el extranjero, que no han sabido detectar, a lo largo de los años (esto no es de un día) la incesante labor de socavamiento del prestigio de España que han ido desarrollando las delegaciones catalanas en el extranjero, sin que al parecer nadie se enterara de lo que estaba pasando, han traído como consecuencia que España tenga perdida la batalla, fuera de nuestras fronteras, de la imagen sobre el independentismo, como puso de manifiesto el tercer grado al que fue sometido Josep Borrell en una entrevista en Deutsche Welle, televisión financiada con fondos públicos alemanes. Y es que el independentismo catalán ya se ha ido encargando, a lo largo de los años, de invitar a periodistas de todos los rincones del planeta a visitar Cataluña, o a pagar publirreportajes.

Los independentistas catalanas, el Govern, han ido, año tras año, contactando con expertos en creación de opinión, participando en lo más diversos foros donde la cuestión catalana fuese tratado bajo el prisma independentista, y ganando voluntades mientras los diversos Gobiernos españoles no lo vislumbraban o no querían hacerlo, que es peor. Por ejemplo, los distintos Gobiernos no se enteraron de que, pongamos por caso, el exconsejero de Exteriores de Cataluña Raúl Romeva y algunos otros, recorrían las llamadas 'embajadas catalanas' diseminadas por toda Europa para dar conferencias sobre el derecho a decidir de Cataluña, a la vez que destinaba, al parecer, 27 millones de euros a la estrategia independentista en el exterior por medio del Diplocat, el Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña, creado en 2012, con Rajoy de presidente.

El resultado de tanta desidia, de tanta incapacidad para contrarrestar esa campaña publicitaria, que era percibida por muchos e ignorada por todos, se está viendo ahora, y muy gravemente, en lo que ha ocurrido en el Parlamento francés, hace unos días, donde 41 senadores han difundido una carta con el título Por el respeto de las libertades y los derechos fundamentales en Cataluña. El documento pide a Francia y a la Unión Europea que intervengan para buscar una solución política porque, según ellos «esta situación es un verdadero ataque a los derechos y libertades democráticas».

Así, como suena. Un Parlamento de un país aliado de España se permite dar lecciones de funcionamiento democrático a ésta. Un hecho que debería hacer reflexionar sobre como se están haciendo las cosas, porque aunque es cierto que el Gobierno francés se apresuró a hacer pública una nota de defensa de la unidad e integridad de España, «un país aliado y una gran democracia», y que el comunicado abunda en que se trata de «la expresión individual de los senadores» y no refleja la posición del grupo, lo cierto es que la voz del máximo representante de España en Francia, el embajador Fernando Carderera, se debería de haber oído con más firmeza. Al final ha quedado en un diplomático «lamento y rechazo este manifiesto que demuestra un desconocimiento absoluto de la situación en España por parte de un grupo minoritario de senadores franceses». Sí, 41 senadores son una minoría entre lo 348 del Parlamento francés, pero hasta un historiador de ese país, Benoît Pellistrandi, se ha pronunciado más firmemente en defensa España al decir que la carta de los senadores refleja «un desconocimiento brutal de la situación», para añadir que «lo que no quieren entender es que se juzga a algunos responsables políticos por haber abusado de sus poderes». Sí, es un francés el que dice esto, no el embajador español.

Que en algo tan grave como lo ocurrido en el Parlamento francés nuestro embajador se haya mostrado tan políticamente correcto es descorazonador.

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