03 de abril de 2019
03.04.2019
La Opinión de Murcia
La feliz gobernación

Esto es fútbol

03.04.2019 | 04:00
Esto es fútbol

El día en que Figo, que jugaba en el Barça, fichó por el Madrid, se cayeron todos los palos de todos los sombrajos. Había antecedentes, pero ninguno tan rotundo. Las aficiones descubrieron que los jugadores, los técnicos o los entrenadores, eran mercenarios. El escudo que besan es un fetiche transitorio hasta que viene otro club que mejore sus condiciones económicas o que, incluso sin mejorarlas, les ofrezca un mayor reconocimiento o más posibilidades de protagonismo.

La política, tantas veces comparada con el fútbol en ese aspecto, es todavía más propicia a los vaivenes, según vamos viendo. Y es que ampara mejor a quienes cambian de bando porque mientras en el fútbol el comercio de los fichajes fluye según las leyes del mercado, los aficionados a un club, si lo son de verdad, nunca cambian de devoción. En la política, sin embargo, la movilidad se da más en la 'afición', es decir, en los simpatizantes y los votantes, que entre los que actúan en su representación en el terreno de juego. Los banderines de enganche, las nuevas marcas políticas, suelen aparecer en este tiempo por desconexión de los grandes conglomerados del bipartidismo imperfecto que ha sido la norma durante tantos años. El pretexto de los políticos que cambian de organización es habitualmente el mismo: «Yo estoy donde siempre; el que ha cambiado es mi anterior partido».

No es extraño que políticos identificados con IU acaben abrigándose en Podemos, algunos, como el líder nacional, Alberto Garzón, manteniendo la marca como pasarela personal aunque en muchos, demasiados sitios, los militantes de aquellas siglas guarden distancia con el partido que se creó para sacarlos de la pista. O que ejecutivos que han desarrollado su trayectoria a las faldas del PP, circunstancia que puso sus nombres en candelero, utilicen ahora esa prima de popularidad para fortalecer a Vox (o para darle un barniz todavía más cínico, como es el caso de Luis Gestoso, un saltimbanqui por la franja de la derecha después de haber exprimido la teta de un PP que era, en su etapa, mucho más centrista, es decir, más insoportable para él, de lo que es ahora). O que ayer mismo, Soraya Rodríguez, en su día portavoz del PSOE, se incorporara a la candidatura europea de Cs, justificándose en el mismo antisanchismo por el que Rivera promete no pactar con los socialistas.

Nadie, después de los diez años de edad, cambia de equipo de fútbol, aunque vea ir y venir a sus ídolos de uno a otro. En la política, es el conglomerado electoral el que se desmembra y se tiñe de una cada vez más diversa paleta de colores, de modo que los actores que se ven desplazados de sus formaciones originarias adquieren legitimidad para recolocarse como si su interés respondiera a un acto de coherencia. Toca a los ciudadanos desentrañar si unos y otros cambios de camiseta responden al arrastre de la 'afición' o a súbitos giros de interés puramente personal. Incluso en este último caso, tal vez, en ciertos casos, se trate de una actitud no menos reprochable que la de quienes se quedan en sus partidos originales por lo mismo.

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