30 de marzo de 2019
30.03.2019
Espacio abierto

Actúa, despierta a tu vecino

30.03.2019 | 16:05
Actúa, despierta a tu vecino

"Existen fuertes grupos de presión internacional financiados por sectores contrarios a los ODS que se encargan de fomentar la falsa creencia pseudocientífica de que el cambio climático antropogénico no es tal, sino que es un fenómeno natural en el que no tenemos nada que ver o nuestra contribución es irrelevante"

Tal vez muchos a muchos de ustedes les suene lo que les voy a contar. Hace ya casi cuatro años, en septiembre de 2015, la mayoría de líderes mundiales acordaron en el marco de la Organización de las Naciones Unidas diecisiete objetivos globales comunes que formaban de una nueva agenda de desarrollo sostenible: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Dichos objetivos pretenden lograr hazañas aún no alcanzadas por la humanidad, como erradicar la pobreza o proteger el planeta de nosotros mismos. Sin embargo, para que dichos objetivos no quedasen en el fértil campo de la ambigüedad y la buenas intenciones, también se fijaron metas específicas en cada uno de los mismos que debían alcanzarse en quince años; y así es como nació la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Cuando uno se pasea por los ODS y analiza sus variopintas metas, se da cuenta de varias cosas. Me gustaría resaltar dos de ellas. La primera es que esta agenda van más allá del desarrollo sostenible y la protección de nuestro planeta, van de qué sociedad global queremos ser y cuándo queremos alcanzarla. La segunda es que cuando uno llega al cambio climático (el ODS 14 llamado Acción por el clima) se da cuenta de que no es un objetivo aislado, sino que está conectado con todos los demás. No se puede hablar de cambio climático sin hablar de Salud y bienestar (ODS 3), Producción y consumo responsables (ODS 12), Vida submarina (ODS 14), Vida de ecosistemas terrestres (ODS 15), etc. Y esta es la primera idea que quiero transmitirles: hablar de cambio climático es hacerlo también de salud y de economía. En la Región de Murcia, hablar de cambio climático es hablar de agricultura, turismo, costa y Mar Menor. El cambio climático es, por tanto, un fenómeno transversal que atraviesa e impacta en el resto de los elementos de nuestra sociedad.

En cuanto al cambio climático, desde la comunidad científica internacional hay dos mensajes claros: 1. es el mayor reto que tendremos que afrontar como sociedad global durante este siglo y, si fracasamos, durante varios siglos más; y 2. es un proceso cuyo agente causal es el ser humano y sus actividades. Y recalco lo de causal, que no casual como tanto les gusta a los negacionistas. Y es que, como pueden suponer, una tarea tan titánica como la lucha contra el cambio climático tiene muchos enemigos, como de los que les hablo a continuación.

Existen fuertes grupos de presión internacional financiados por sectores contrarios a los ODS que se encargan de fomentar la falsa creencia pseudocientífica de que el cambio climático antropogénico no es tal, sino que es un fenómeno natural en el que no tenemos nada que ver o nuestra contribución es irrelevante. Esto lo hacen de diversas maneras, como por ejemplo difundiendo eficazmente en medios afines y redes sociales fake news (o, como diríamos aquí, bulos), o llegando a acuerdos con partidos políticos para que en sus programas introduzcan sus postulados. Respecto a esto último, el negacionismo climático político, casi siempre ligado a la ideología neoliberal, es más que patente en algunos de los Gobiernos más importantes del planeta. Sin embargo, no pensemos que esto es algo que sucede lejos de aquí. La ola reaccionaria de extrema derecha que está empezando a campar en la Unión Europea enarbola el negacionismo climático como una de sus principales banderas. Y sí, tal y como estarán pensando, no tardará en llegar a España, seguramente en este año súperelectoral con el beneplácito y la tibieza de con quienes tengan que llegar a acuerdos.

Aparte de este negacionismo poderoso y a gran escala, existe otro que se basa en la incultura científica; la cual hace un maridaje perfecto con el ego, la prepotencia y el chafardeo. Muchos científicos incluso hemos tenido profesores universitarios que negaban el cambio climático y que, por cierto, lo siguen haciendo. Lo cual es ciertamente curioso, ya que no olvidemos que negar el cambio climático está al mismo nivel, científicamente hablando, que afirmar que las vacunas provocan autismos o que la tierra es plana. Por eso mismo, tengo la firme convicción de que si nos concienciamos todos y escuchamos a los científicos, la negación del cambio climático acabará diluyéndose tanto que será totalmente ineficaz, inocua e indetectable; es decir, como el principio activo de la homeopatía.

En este panorama a veces desolador, a veces aparece algo de luz. El pasado viernes 15 de marzo, miles de jóvenes españoles, entre ellos los murcianos, se unieron al movimiento global Fridays for Future iniciado por la activista climática sueca Greta Thunberg. A la vez, varias decenas de miles de científicos de distintos países se han unido en manifiesto para decir simplemente que estos jóvenes 'tienen razón'. Tomar partido en este reto es responsabilidad de todos. Por ello, muchos científicos usamos nuestro tiempo libre en divulgar el cambio climático para concienciar a los ciudadanos y luchar contra el negacionismo. Personalmente, creo que los ciudadanos debemos emular esa actitud que se describe al inicio de la obra Walden, de Henry David Thoreau, cuando dice que:

«No pretendo escribir una oda al abatimiento, sino jactarme con tanto brío como el gallo encaramado a su palo por la mañana, aunque solo sea para despertar a mis vecinos».

El cambio climático está aquí y es real, no hay ningún debate científico acerca de ello. Hablad de cambio climático, hablad mucho. Sed el gallo que despierte a vuestros vecinos, familiares y amigos.

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