29 de marzo de 2019
29.03.2019
La Opinión de Murcia
La balanza inmóvil

Lenguaje corporal

28.03.2019 | 21:44
Lenguaje corporal

Me hacen los ojos chiribitas, si algo te gusta mucho y hasta bizqueas si es el no va más de gusto. La química o esas mariposas estomacales son las que marcan el paso en el amor. Claro que si utilizas la cabeza a lo mejor no, pero como nos movemos por el corazón el amor existe, aunque a veces no tenga sentido ni quieras ver lo que todo el mundo ve. Pero eso es lenguaje no corporal sino de miocardio. Pero ahora lo que nos trae aquí no es el amor, sino el desamor y saber quién miente. Y ello a través de ese lenguaje corporal que el Tribunal Supremo se ha encargado de definir y enumerar, en una sentencia pionera del pasado 6 de marzo, con la finalidad de valorar la seriedad expositiva, que aleje al tribunal de entender que el relato es figurado con fabulaciones o es poco creíble.

Se trataba de una sentencia de la Audiencia de Palma de Mallorca, que condenó a un hombre por maltratar habitualmente a su pareja y pegarle en una ocasión, como autor criminalmente responsable de un delito del artículo 173.2 del Código Penal (actos de violencia física o psíquica, perpetrados de forma reiterada sobre el cónyuge o la persona que esté o haya estado ligada a él, por análoga relación de afectividad, hasta crear una atmosfera irrespirable para la víctima, regida por el miedo y la dominación), y apreciándole la atenuante de embriaguez, la pena fue de quince meses y un día de prisión, inhabilitación especial, y prohibición de acercamiento a quinientos metros así como comunicar con la víctima durante dos años. Pero el Supremo ha dicho que no cabe atenuar la responsabilidad por el alcohol, cuando existe un maltrato físico o psíquico. Lo importante de esa sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo no es tanto esa decisión, que lo es, sino sobre todo porque se ha preocupado, especialmente su ponente, antiguo magistrado en Cartagena, Vicente Magro, de fijar las claves para saber quién miente en un juicio. Como si de un equipo de fútbol se tratase, ha alineado once causas para valorar la declaración de la víctima de un mal trato en el ámbito familiar:

1. seguridad en las manifestaciones ante el juez.

2. concreción en el relato.

3. claridad en la exposición de los hechos.

4. los gestos.

5. seriedad en lo que se dice.

6. expresividad descriptiva en el relato de lo sucedido.

7. ausencia de contradicciones y concordancia en lo que se narra.

8. ausencia de lagunas y dudas.

9. la declaración no debe ser fragmentada.

10. el relato debe ser íntegro.

y 11. se debe contar no solo lo que le beneficie sino también lo que le perjudique.

Estos once datos a tener en cuenta, deben no obstante ponerse en conexión con las circunstancias concurrentes en la víctima, que le puede hacer flaquear en alguno de esos puntos, por una de estas razones: 1. dificultad para expresarse por rememorar lo sucedido; 2. temor al acusado; 3. tenor a los familiares del mismo; 4. deseo de terminar cuanto antes la declaración; 5. desear olvidar cuanto antes lo que pasó, y 6. posibles presiones de su entorno. Finalmente, el Supremo, fija los presupuestos básicos para el dictado de una sentencia: pruebas que enerven la presunción constitucional de inocencia.

Como verán, más sentido común y raciocinio no se puede pedir. Lo que lleva a la reiterada conclusión de que solamente la lógica y la aplicación de la ley, a través de la prueba lícitamente obtenida, es lo que vale. Todo lo demás es cuento y demagogia. El Derecho es más entendible de lo que a veces se pretende hacer ver. O como diría la Biblia, no pretendan hacernos comulgar con ruedas de molino tratando de hacernos ver lo que no es, con excusas intragables. Saltarse la ley y encima tratar de negarlo o justificarlo no llega nunca a buen puerto. Es como dejarse a medias

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