29 de marzo de 2019
29.03.2019
La Opinión de Murcia
Punto de vista

Concienciados

28.03.2019 | 21:44
Concienciados

Recientemente un actor de moda, Javier Gutiérrez, recibía un premio que reconocía la excelencia de su oficio y aprovechaba el micrófono para desvelarnos el secreto de su buen hacer: «Más allá de entretener, el cine tiene que concienciar». La ocurrencia, la idea, si quieren, no es exclusiva del joven Gutiérrez, sino que se trata de un lugar común, una vulgaridad que podría haber sido proclamada por cualquier modista, cocinero, cafetero, perfumista?

Hoy día todo el mundo aspira a concienciar y a ser concienciado, y a nadie se le ocurre fabricar un bolso, por ejemplo, si no es capaz de llegar al mercado con varios certificados que atestigüen una relación moralmente virtuosa con el cerdo que aportó la piel, con la floresta que rodea la fábrica y con las lenguas minoritarias de los granjeros que despellejaron al marrano. El artesano de nuestro tiempo no se conforma con ser maestro de su oficio, sino que aspira a que lo reconozcan como un genio del Gran Arte y para eso necesita acreditarse como un maestro de virtud política y moral; porque el Arte, como bien declama el joven Gutiérrez, más allá de entretener, tiene que concienciar.

La tesitura, por más que nos resulte familiar, no deja de ser espuria. En principio, un marroquinero no debería aspirar a que lo compararan con Leonardo Da Vinci: en un bolso no cabe, per impossibile, la complejidad estética y espiritual de La Virgen de las Rocas. Por lo mismo, el joven Gutiérrez no tendría por qué abordar su oficio con el mismo ánimo con que don Manuel Kant escribió su Fundamentación de la metafísica de las costumbres. El cine no puede sino entretener, porque en su formato no cabe per impossibile, la construcción crítica de una teoría ética. Es más, el cine que perdura, ese que llamamos pomposamente 'los clásicos del Séptimo Arte' no aspira ni aspiró nunca a otra cosa que a entretener, y estoy pensando en Berlanga, Billy Wilder , los Coen, Spielberg, Coppola? en fin, el cine que nos gusta a los que nos gusta el cine y que no necesita subvenciones, porque mira si nos gusta que hasta pagamos por verlo.

El cine que se hace en España, por cierto, necesita del sector público (unas diecinueve líneas de subvenciones, que se dice pronto, abre el ministerio del ramo cada año) para que los cineastas puedan vivir con un glamur condigno de quien asume sobre sus hombros la fatigosa y elevada tarea de concienciar al pueblo. Con lo cual, tenemos un problema, si no todos, sí al menos los antipáticos a quienes nos escuece la presión fiscal y los frívolos que queremos ver cine entretenido.

¿De dónde viene entonces ese empeño en que el Cine y el Arte, en general, deben concienciar a su público? Como la mayoría de las ideas idiotas de siglo y medio a esta parte la del 'Arte Comprometido' tiene su origen en el pensamiento marxista. Para el comunismo/socialismo el Arte debe concienciar al Pueblo, de acuerdo a lo dictado por el Partido, y son legión los artistas que han terminado marginados, censurados, prohibidos, torturados, encarcelados o fusilados por negarse a poner su arte al servicio de la lucha de clases. Los comunistas fueron los primeros en acuñar el término 'Arte Degenerado' con el que se referían a toda expresión cultural libre (libre, precisamente, del deber de concienciar). Luego llegaron los fascistas y los nazis con el mismo afán e idéntica nomenclatura, pero la idea original es comunista, y por eso perdura entre nosotros: porque contra los fascismos, afortunadamente, ya nos hemos vacunado; pero el comunismo se mantiene vivo en nuestras escuelas, cines y museos como si no arrastrara en su memoria histórica a varios centenares de millones de muertos.

Y por eso la cultura oficial aplaude mucho cuando un actor se postula como habilitado para ejercer de catedrático de Ética. Y por eso, también, el fabricante de bolsos se ve obligado a tratar a los cochinos como si fueran sus ahijados. Y todo es confusión y vanidad y apacentarse de viento. Coño, miren si estará todo liado, que ayer mismo me topé con un establecimiento en Murcia, en la calle Santa Teresa, que rotula de esta guisa: «SALÓN DE BELLEZA ÉTICO Y BIOLÓGICO». Por fuera parecía una peluquería, pero el letrero invita a pensar que el tinte, la permanente y la laca te los rechufletean por dentro de la cabeza, no sé si me explico.

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