16 de marzo de 2019
16.03.2019
Pintando al fresco

Igualicos

16.03.2019 | 04:00
Igualicos

Siempre me ha gustado la Historia. De hecho, comencé a estudiar la carrera, que no acabé, pero que me ayudó mucho, por ejemplo, con la Geografía, de la que yo, como casi todo el mundo, no sabía nada, aparte de algunas cosas de corte físico y político: los cabos, los ríos, las cordilleras, las capitales y poco más. Sin embargo, en las dos geografías que hice en la universidad, aprendí un montón de Humana, que es la buena, la que te da las claves para entender el porqué de las cosas, Además, los profesores eran buenísimos y daba gusto ir a sus clases a escucharlos.

Así que, como les decía, a mí me gusta la Historia, pero ustedes no tienen la culpa, y no caeré en la tentación de llenar esto de nombres y fechas. A lo que quería referirme aquí es a que, cuando estudiaba historia de España, en la época que va desde finales del siglo XIX hasta 1936, no llegaba a comprender qué demonios pasaba en este país, qué tremendos líos se montaban, un día monarquía, al otro república, un levantamiento por aquí, un meter los cañones en la ciudad por allá – y dispararlos -, una dictadura, una democracia breve pero democracia, una declaración de independencia, el cantonalismo, tiros, asesinatos, condenas, políticos que cambiaban de chaqueta de la noche a la mañana, etc. etc., para acabar en el golpe de estado de Franco, que menuda guarrada.

Conocí yo a un viejo demócrata que, hablando de estas cosas, solía decir: 'Es que los españoles tenemos cosas que, colgando, parecen bolsas', y te explicaba cómo es que siempre hemos tenido una cierta tendencia a la irracionalidad, al enfrentamiento, a no escuchar y a no ser capaz de ceder lo suficiente para que tu antagonista, cediendo también en lo suyo, llegue a un punto cercano a tus planteamientos. El consenso que se llama, y que se dio en 1978 a la hora de hacer realidad la Constitución.

Escuchando a nuestros líderes actuales, viendo cómo se manifiestan ante los desafíos de la vida diaria que ellos y no otros han de diseñar para nosotros, puesto que ellos son los encargados de pergeñar el marco en el que nos hemos de mover, a veces flipo. Tomen ustedes como ejemplo la situación actual en Cataluña. Que nadie se olvide de que allí, en un cierto número de gente ha latido siempre la idea de la independencia, que, además, se extiende hacia arriba por los Pirineos, incluso llegando a la parte francesa donde son al menos igual de radicales que los españoles, o aún más. Pues bien, eso estaba ahí, un poco latente, hasta que han llegado unos políticos que lo han hecho multiplicarse, levantarse, convertirlo en el horizonte de la vida de mucha gente. Y tú miras a esos políticos, gente de una calidad humana como Puigdemont o Torra, y te echas las manos a la cabeza. ¿Cómo es posible que semejantes cernícalos puedan arrastrar a alguien? Pues ahí los tienen, de líderes.

Y ya sigamos la trayectoria de nuestros candidatos estos últimos días. Casado con lo de la adopción de los hijos de las emigrantes, algo absolutamente vergonzoso, que yo interpreto que lo dice para recuperar votantes escapados a Vox. Rivera ha estado toda la semana tratando de tapar el pucherazo de Castilla- León y atacando a Sánchez, al que yo creo que odia. Sánchez viendo la manera de joder a Susana Díaz y a sus huestes andaluzas. Los de Vox cobrando en dinero de curso legal las subvenciones que les corresponden por sus diputados andaluces, aunque lleven en su programa que no se cobren esas subvenciones. La verdad es que el único que ha estado haciendo algo positivo es Pablo Iglesias, que está cuidando a sus críos pero que ha encontrado tiempo para otras cosas y va a ser padre otra vez, olé.

Y la pregunta que yo me hago es, ¿Tendrán conciencia estos seres humanos y sus huestes de que están haciendo Historia?

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