10 de marzo de 2019
10.03.2019
Cultura ciudadana

Museos que sienten

09.03.2019 | 17:53

Filosofía y poesía. Decía María Zambrano que desde ambas se ha de construir. Desde el pensamiento, aquel que nos guía cuerdo para hacer la narrativa de la memoria, y desde la creación más sentida, la que nos permite ser a cada instante y conectar con los demás. Esto último era para ella la Democracia: saber tratar con el otro. Los museos, principalmente fruto de aquella filosofía, fueron ideados para narrar historias que debían ser ordenadas, mostradas y cuidadas. Y fue la mejor labor que hubiéramos podido desempeñar entonces. Todo se hizo lo mejor que se pudo hacer, pero hoy nos toca continuar adaptándonos a nuestros tiempos. Y ahora, la institución cultural ha de convivir con esa poesía de la que habla la filósofa. Ha llegado el momento de hacer sentir a estos espacios, de hacerlos vida y de llenarlos de pasiones. Mirar atrás sirve para entender las razones de su creación, la ordenación y también el sentido de un tiempo anterior, y todo ello nos sirve para traer la mirada a cuanto nos está viviendo en el instante que nos deja la post-modernidad.

Los museos han de prender, hay que dejar que prendan. Establecer un plan que los abra a la ciudadanía, algo que vaya más allá de traer a las gentes hacia ellos para que les contemplen. Se trata por tanto de buscar un modo diferente de estar en ellos, de conectar con estos espacios que cada día necesitan acoger a mayor diversidad. Nuestra sociedad ha crecido, el hombre es siempre un ser a medias que tiene que vivir su propia trascendencia, y a los museos les sucede exactamente igual. Todo está en movimiento para atender las llamadas de cada presente.

¿Qué hemos aprendido? Estos templos de cultura nos han dado casi todo: la historia, una memoria y nos han hecho viajar a través de la creación de otros tiempos. Y por ello, ahora nos toca responder a sus peticiones, a su necesidad de conectar de verdad con las personas, de hacer que estas se sientan como en ese Tercer lugar de Obdenburg. Es hora de que la ciudadanía participe activamente en estos imperios del conocimiento, que redefina los usos y las políticas de cultura, porque no olvidemos que no hay concepto sin experiencia previa, que no debe haber razón sin intuición y que cada apto de preservación ya es en sí un acto de creación. Los museos ahora aprenden a ser movidos por ambas, a responder desde su origen y presente y a ser actores y productores de agitación y de quietud.

Crearnos como comunidad debe ser posible en el espacio cultural, para que desde ello, se dé el verdadero encuentro: la conexión entre continentes, contenidos y personas. Desde el respecto a lo creado, preguntémonos mediante la filosofía para llegar a ese hallazgo que nos presenta lo poético, aquello que resulta ser el alma de las cosas. No hay más camino que la transformación, un proceso imparable que, de modo cíclico, vuelve a las raíces del sentir obviado por el entendimiento y las corrientes de un mundo occidental que se basó, sin criterio verdadero, en aquellas cosas urgentes.

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