06 de marzo de 2019
06.03.2019
La Opinión de Murcia
Punto de vista

Orgullo de país

"Ya recuperado con creces mi orgullo patrio, pienso en quienes lo hacen posible. Y no son estos atildados políticos, ni esos cavernosos tertulianos que profetizan el apocalipsis, la ruptura del país o las diez plagas de Egipto"

05.03.2019 | 20:10
Orgullo de país

La campaña electoral amenaza con rebozarnos en el más sucio lodazal dialéctico. Escucho atónito a algunos jóvenes políticos y siento pavor ante la posibilidad de que lleguen a gobernarnos. Y no es ya esa impostada agresividad a la hora de tildar a medio país de vendepatrias, de traidor, lo peor es la insoportable levedad de sus seres. ¡Qué ausencia de chicha intelectual! ¡qué escasa enjundia personal se aprecia! ¿Han trabajado alguna vez, han estudiado, conocen el país del que hablan, han vivido o sufrido los problemas que aquejan a la gente?

Tampoco doy crédito al bochornoso papel de la Fiscalía del Estado en el juicio del procés. Día tras día, sorprende la endeblez de su torpe relato frente a la lucidez de los procesados y sus defensas. ¡Y pensar que esta tragicomedia judicial se emite en directo a medio mundo!

¿Nos merecemos los españoles tanto descrédito a cuenta del sainete catalán? ¿Hemos de soportar el tostón diario de estos zagales jugando a gobernantes?

Y es cuando más se resiente mi orgullo patrio, que sale al rescate la publicación del índice Bloomberg. Tras ponderar variables como esperanza de vida, sistema sanitario, disponibilidad de agua potable, calidad de la dieta, etc., resulta que dicho índice nos sitúa como el país más saludable del mundo. Tras España, vienen Italia, Islandia, Japón, Suiza, Suecia, etc. EE UU queda lejos, tras Cuba.

Uno empieza a venirse arriba y recuerda que hace unos meses se publicó otro índice que destacaba la baja criminalidad de España. A pesar de la lacra de la violencia machista, España es uno de los países con menor tasa de homicidios del mundo. A pesar de la corrupción política o de esa terrible estafa motejada de crisis, las tasas de criminalidad no han cesado de bajar. Los atracos callejeros se han reducido más del 40% en los últimos diez años. España es hoy uno de los países más seguros del mundo.

Otro dato: nos suicidamos bien poco. Por más que desahucios y demás infortunios invitaran a algunos a acariciar tan triste camino. También somos uno de los países más solidarios del mundo. ¿Cómo si no, se habría capeado lo peor de estos años? Y más. Somos de lejos, los mayores donantes de órganos del mundo.

Quienes nos visitan destacan nuestra forma de afrontar los problemas, la fuerza de los lazos familiares, de las tradiciones, nuestra sociabilidad, el gusto por juntarnos y festejar. Las calles andan siempre llenas de gente. Posiblemente tengamos el mayor índice de bares, terrazas y partidas de dominó por unidad de superficie. Posiblemente estemos entre los tres países con mayor patrimonio cultural. Disfrutamos de unas condiciones climáticas envidiables. Nuestros deportistas son una continua fuente de satisfacción.

Ya recuperado con creces mi orgullo patrio, pienso en quienes lo hacen posible. Y no son estos atildados políticos, ni esos cavernosos tertulianos que profetizan el apocalipsis, la ruptura del país o las diez plagas de Egipto. Son los millones de currantes anónimos que acuden cada día a su tajo, sanitarios que atienden enfermos, docentes, hombres y mujeres que se sacrifican en el cuidado de mayores dependientes, abuelos que estiran la pensión para ayudar al hijo en paro. Y es esa patria la que me colma de orgullo. Esa misma patria que no acudió a Colón a enfrentar banderas, a atizar el odio al diferente. Esa España sabrá capear el insufrible tostón electoral que nos aguarda estos meses y, pese a todo, acabará acudiendo a las urnas a fin de evitar que tales cenizos nos roben las razones de tan saludable orgullo de ser españoles.

Y seguro que esa patria generosa y sensata se sentirá también aliviada cuando Junqueras, Cuixart y demás salgan por fin de prisión.

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