03 de marzo de 2019
03.03.2019
La Opinión de Murcia
Achopijo

Analógico

Que sí, que el mundo ha cambiado, pero que sin móvil se puede vivir, y sin mando del garaje, también

03.03.2019 | 04:00
Analógico

Vas a recoger el móvil del cargador y la pantalla está en blanco. Lo apagas, lo enciendes, esperas un rato y nada. Lo vuelves a cargar un rato. Nada. A la tercera el móvil parece reiniciarse, pero avisa, con letras extrañas, como de película, que no se ha podido activar debido a un error. El desierto. Nubes negras. Truenos, rayos y centellas. Qué estarán diciendo en los grupos de whatsapp del cole, qué estará contando el amigo Rafa en el grupo de los amigos de la Uni desde la ceremonia de los Oscars, qué habrá pasado la última hora en el Real Murcia€ ¡a quién está despellejando Twitter! De repente, ostracismo. Pero sales de casa y al ir al garaje el mando no funciona y el coche está dentro, y no tienes llaves del edificio donde alquilas la plaza. Una puerta que no se abre con un mando y ya estás fuera de juego€ No llegas a nada, no puedes avisar porque no tienes móvil, lo mejor es ponerse el pijama y volver a la cama, y esperar a que todo sea un sueño.

Y es un tema manidísimo. Mucho. Pero es que dos giros y te quedas ahí con cara de tontazo. Pero sólo al principio. Que sí, que el mundo ha cambiado, que el 2.0 lo abarca todo en nuestro día a día, pero porque nos hemos dejado. Sin móvil se puede vivir, y sin mando del garaje, también. Pasas dos días sin las comodidades supuestas de tener una conexión constante a todo y te das cuenta de que las verdaderas comodidades es no enterarse de la mitad de las cosas de las que nos enteramos y no sirven para nada más que para perder el tiempo en ellas mismas y creer que las necesitamos. Dos días. Dos putos días. Y el pensamiento más razonable del 2019 es que hay que tomarse las cosas como si no tuviéramos móvil, como si no pasara nada porque pasen horas o porque alguien no se entere de un cambio de horario y haya que sustituirle, porque no pasa nada. No pasa nada por estar un día sin coche, dos días sin móvil, tres, cuatro€ Al menos para recordar cómo hacíamos todo antes y éramos igual de felices los días buenos e igual de desgraciados los días malos.

Y al poco, compruebas que ir a ver a la gente y contarle tus planes con la ilusión con los que los has preparado es la mejor forma de contar a alguien algo en lo que quieres que participe, o simplemente, porque quieres que lo sepa, y se abre la puerta de la confianza, de la realidad más real que hay, que es mirarse a los ojos. Y entonces paseas en esos minutos libres que siempre quedan algún día por la tarde o por la noche y ordenas una vez más las cosas, esas cosas grandes que están directamente relacionadas con las cosas pequeñas que nos pasan, para bien y para mal, y es más fácil respirar.
Y seguir adelante. Vale.

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