24 de febrero de 2019
24.02.2019
La Opinión de Murcia
En la silla de pensar

Algo más complejo que la huerta (1)

23.02.2019 | 18:46
Algo más complejo que la huerta (1)

Los estudios realizados por historiadores como el profesor Torres Fontes sobre la huerta de Murcia, con su análisis exhaustivo del Libro del Repartimiento; el estudio de Isabel García Díaz sobre la huerta en el siglo XIV y los diferentes trabajos de las profesoras Martínez Carrillo o María Martínez, aportan una información sobre la fisonomía del paisaje que nos facilita el trabajo de entender el actual sistema de poblamiento del valle medio y bajo del Segura. Son historiadores e historiadoras que nos han permitido articular el relato de un municipio histórico y diverso alejándonos del estereotipo de la manida huerta de Europa. Nuestro municipio es algo más complejo.

Haré solo un bosquejo de lo que nos ha traído hasta aquí desde aquellos tiempos medievales, lejanos y oscuros.

El Concejo murciano a lo largo del siglo XIV fue dictando ordenanzas sobre la organización de su territorio, dividiéndolo en ciudad, huerta, alquerías y campos yermos del llano, monte y campo de Cartagena, entonces sin propietarios ni cultivos. Esta normativa hace referencia sobre todo a la organización de la huerta, pero en lo que se refiere al campo conservamos un ordenamiento muy interesante redactado en 1487.

El límite septentrional del Heredamiento del Norte de la huerta, fue durante toda la Edad Media la tierra regada por la acequia Churra la Vieja, que toma agua de la Aljufía y que tiene un origen muy antiguo, ya que en el siglo XIII se la conocía con ese término, probablemente mozárabe. Es característico en este momento histórico el aprovechamiento de los cauces esporádicos de las ramblas, a ambos lados del valle.

La Senda de Granada ha sido una vía de comunicación entre el levante y el sur peninsular desde antiguo y durante la Edad Media se utilizaba como una especie de 'circunvalación de la ciudad' para viajeros, mercancías y ganados, para evitar los innumerables daños que podían ocasionar en la huerta.

Desde el espacio que atraviesa esta senda, en el borde norte de la depresión prelitoral, libre de la avenidas del Guadalentín y del Segura, en los altos de Churra, también denominados en la Edad Media Sierra del pago de Alcorrin, se produce una sucesión ordenada de aprovechamientos como monte, secano tradicional de cereal, secano asistido de olivar, huerta con riego tradicional de inundación y riego de elevación de acequia con artilugios hidráulicos. Todo esto con su paralelo, de nuevo, al otro lado del valle.

El Camino Viejo de Monteagudo, según estudios de R. Pocklington y J. A. Manzano, tenía su inicio en una puerta de la muralla de la ciudad, la de Orihuela. De allí seguía en dirección Norte atravesando las acequias Caravija, Benetúcer, Nelva, y el Azarbe Mayor del Norte. Una vez allí giraba hacia el Este para dirigirse hacia Monteagudo. Durante la Edad Media este camino fue una vía secundaria que conectaba la ciudad con la zona Noreste de la huerta y resulta ser paralelo a la senda de Granada, al Norte y el Camino de Orihuela, al Sur.

La vereda mayor entraba en el municipio por el Cerro de San Cristóbal se dirigia hacia la Puerta de Molina ya en la ciudad de Murcia y de allí, por el camino de Cartagena salía del valle por el Puerto de la Cadena. Las reuniones de ganaderos para el pago de impuestos, las mestas, se realizaban lo más cerca posible del Puerto de la Cadena ya que era el paso más importante de entrada y salida al Campo de Cartagena, en el Aljibe de la Higuera, la Venta de la Paloma o la Venta de la Virgen.

La acequia del Turbedal, desde época islámica marcaba el limite Oeste de la huerta cultivada, funcionaba como límite con la vereda y la dehesa boyal, donde circulaba ganado vacuno, lanar y cabrío. En sus repetidos enfrentamientos con la mesta, el Concejo de Murcia mantuvo siempre su oposición a que se considerara como cañada el recorrido del ganado por su término, y que tuviera o hubiera tenido en ningún tiempo relación con la Cañada de Cuenca. El Concejo consideraba a este camino ganadero Vereda Mayor y fue amojonada en 1486 con una anchura de doscientos pasos pudiéndose estrechar hasta los 110 al pasar por tierras de cultivo.

Gracias a la conservación del Libro del Repartimiento y de las Actas Capitulares del Concejo murciano de los siglos XIV y XV en el Archivo Municipal, es posible reconstruir también la toponimia y el paisaje de la zona de Campo de Murcia situado al norte de la Rambla del Albujón. Los últimos folios del Libro del Repartimiento contienen una relación bastante extensa de los términos y rahales que pasaron de manos musulmanas a nuevos pobladores, castellanos en su mayoría. En la relación se citan más de cien topónimos, la mayoría de origen árabe y unos pocos de origen preárabe, de los cuales solo quedan en uso dos o tres.

La despoblación, problema persistente en tierras murcianas durante los siglos XIV y XV, había dejado el campo de Murcia, prácticamente sin propietarios y la redonda de la huerta en buena parte convertida en almarjales y baldíos. Por esto y por la inseguridad de los tiempos, el paisaje se fue fortificando con casas torre. Nos da idea de la importancia de este tipo de arquitectura el que el municipio de Murcia censara a mediados del siglo XX casi cuarenta casas torre, de las que hoy quedan menos de la mitad.

El paisaje de monte, por esa falta de propietarios se convirtió en un lugar de aporte de leña, miel, palomas y lugar de caza. Por ello, desde finales del siglo XIII, esa riqueza forestal llevó a reyes como Fernando IV y Alfonso XI a dictar severas penas contra los que usaran indebidamente la sierra. La deforestación de Carrascoy, con el corte abusivo de sus pinares adquirió tal dimensión en el siglo XV que el Concejo tuvo que tomar medidas frente leñadores y carboneros.


(Continúa el próximo domingo)

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