22 de febrero de 2019
22.02.2019
La Opinión de Murcia
Mamá está que se sale

Más sobre la conciliación

21.02.2019 | 19:32
Más sobre la conciliación

Oye, no sabes lo que ha dado de sí lo que dije el otro día sobre la conciliación. Eso de que a algunos directivos los ponía yo a conciliar, un día cualquiera, y probablemente ninguno pasaba la prueba. Digan lo que digan, para esto hay que nacer.

Muchos (hombres) llamaron o whatsappearon a Antonio, preguntándole si es que él en casa no hace nada, y todo me cae a mí. La mayoría no saben que, cuando le llamaron, iba yo sentada en el coche, a su lado. O que cuando le mandaron el mensaje, yo estaba también a su lado, y lo pude ver. Es lo que tiene la vida en pareja: normalmente, siempre que podemos, estamos juntos. Hija, y que sea por mucho tiempo. Así que, de esta manera tuve ocasión de presenciar ese hermanamiento tan masculino. Además, en primera fila. Qué bueno ha sido oír entre líneas eso de ¿también te pasa a ti, que te dicen que todo lo hacen ellas? Me parto.

Yo, por mi parte, también comenté con mis amigas el tema de la conciliación. Entre nosotras, aparte de unanimidad en torno a la cuestión en sí, lo que hay es una cantidad de anécdotas desternillantes, que de verdad si las cuento no nos vamos de aquí nunca. Sin duda, la mejor fue la que contó alguien, que prefiere mantenerse en el anonimato, de aquel día que ella tenía guardia, un sábado, y dejó a su marido encargado de, sencillamente, vestir a sus hijas de tres y siete años, cuya ropa dejó preparada encima de la cama, y llevarlas al club de tenis, porque tenían allí un cumpleaños. Cuando llegó ella a recogerles, ya de noche, se encontró a la pequeña vestida con un hábito, mientras la mayor se daba tirones de la camiseta hacia abajo, que le cubría sólo hasta debajo del pecho, y le decía «mami, la camiseta se me sube todo el tiempo». Lo que hemos reído comentando que, claro, cómo se le ocurre no decirle al marido que vista a las niñas sin decirle antes a quién corresponde cada una de las prendas. Error fatal.

Sin embargo, y aparte del chascarrillo y del anecdotario, lo cierto es que, a ellos como hombres, se les dan bien una serie de cosas, y a nosotras, como mujeres, otras. Y punto. Lo demás, aparte de reírnos cada uno con las cosas que nos pasan, es rizar el rizo, y pretender que seamos iguales, cuando lo que debemos es ser equivalentes. En esa equivalencia, lo que queremos es un trato laboral igual, simplemente. Y un reparto de tareas que sea también equivalente.

De eso, a que queramos ser iguales que los hombres, nada de nada. Para que me pase aquello que contó una amiga, de que fue al taller del coche, y a pesar de que su marido le había dicho cien veces que la pieza rota era el cojinete, a ella no había forma de que se le quedara en la mente la palabrita, así que se presentó ante el mecánico, en plan mujer para todo, y le dijo muy digna que hiciera el favor de cambiar el cojoncillo.

En fin, el caso es que rompiendo una lanza a favor de Antonio, y de paso de todo aquel sufrido marido, he de decir que aquí, más que conciliación, lo que hay es un reparto equitativo de todo en general. En mi casa todo el mundo limpia, recoge, ordena, cocina o plancha. Y otra cosa: no hay mejor cocinero de arroz con bogavante que Antonio, dime tú si no es verdad. Por cierto, algo que no hago yo, hace años, en nuestro peculiar reparto, es comprar: Antonio se encarga de la compra desde hace mucho tiempo. Además, no es que haga la compra de la semana, Antonio compra como si vinieran los rusos. Increíble. Luego hay que estar un rato haciendo paquetes, colocando, congelando, y guardando, pero bueno, mientras sepamos si ésa es una tarea de hombres o de mujeres, la hacemos juntos, como a nosotros nos gusta. Y punto.

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