15 de febrero de 2019
15.02.2019
La Opinión de Murcia
El año de la cabra

Al servicio del separatismo

El separatismo es, en fin, el mal. El mal en sí mismo. Porque siempre es supremacista. Y acabar con él empieza por desvelar su naturaleza reaccionaria, contraria a la ilustración y al progreso

14.02.2019 | 19:42
Al servicio del separatismo

Han tenido que ser dos fiscales los que contesten y desnuden, por primera vez desde las instituciones del Estado, la condición esencialmente xenófoba y reaccionaria del separatismo. Durante cuarenta años, hasta este juicio contra los golpistas catalanes, el acomplejado Estado democrático ha contemporizado, cuando no apoyado y sufragado, las llamadas 'construcciones nacionales' que en el País Vasco y Cataluña emprendieron desde el primer minuto los racistas de ambas regiones.

El desdichado argumento principal para la cesión permanente ha sido el de que en democracia se puede defender todo. Y no. Por ejemplo, no se debería poder pregonar ni pretender el fin de la propia democracia, que supone arrebatar la igualdad y la libertad a los demás. En fin, hablo de la ciudadanía, la noción ilustrada que ha impulsado el progreso de los dos últimos siglos y que constituye la razón fundacional de las democracias: la que garantiza (además de las libertades públicas y la libertad individual) la igualdad ante la ley, por encima del sexo (por eso no son democráticas las llamadas leyes de género, lo que no supone en absoluto sostener la menor tolerancia contra los criminales, del sexo que sean), de la raza o de la cuna. Del territorio de la cuna, también y principalmente.

Hete aquí, sin embargo, que en la España supuestamente constitucional, la que se refunda en 1978 para acabar, entre otras cosas, con los privilegios que el franquismo había otorgado a catalanes y vascos (leer el relato que el C. F. Barcelona hace de la historia de las medallas que le concedió a Franco mueve casi a ternura ante tanta desvergüenza, lo que no es sino el correlato de las invenciones historicistas del nacionalismo), el Estado es hoy el garante principal de la desigualdad, el que ha cedido a que las regiones más ricas de España hayan levantado, de hecho y de derecho, estados propios para sostener la idea criminal en la que se sustenta todo nacionalismo: la de que unos pueblos son superiores a otros. Es decir, la de que hay supuestas etnias y apellidos que determinan la superioridad moral, intelectual, económica o laboral de unos ciudadanos sobre otros en función de su lugar de nacimiento, de su lengua o de su origen.

Esta es la idea que nadie no sólo no ha combatido (ningún partido, ningún presidente del Gobierno, hasta estuvo Zapatero que la impulsó), sino ante la que se ha callado, ante la que no se ha realizado jamás un alegato para descalificarla como se merece. Como lo que es: el sustento de los verdaderos fascismos, del facherío 'nazionalista' y de la izquierda resentida que los apoya hoy y desde hace, al menos, quince años con todo descaro, y solapadamente mucho tiempo atrás.

Aquí mi estupor. Entonces luché contra la Dictadura para la instauración de un nuevo régimen que nos hiciera por fin iguales y libres. Y por eso abomino de la izquierda española de hoy. ¿Cómo pueden presentarse en Gobiernos y Ayuntamientos como aliados de los racistas catalanes, de los herederos de los asesinos por odio vascos, de los que niegan a la gente el derecho a estudiar o trabajar por cuestión de lengua en Baleares o Valencia, que ahora ya la teleprogre nos escribe València, expulsando la lengua común hasta de la toponimia?

El separatismo es, en fin, el mal. El mal en sí mismo. Porque siempre es supremacista. Y acabar con él empieza por desvelar su naturaleza reaccionaria, contraria a la ilustración y al progreso que entendemos como el camino hacia un mundo unido. Que empieza en Europa. El separatismo es el que ha movido el Brexit, detrás del cual no está más que el viejo racismo anglosajón y germánico, la convicción de que se trata de pueblos superiores que viven mejor solos. La que sostienen Torra o el PNV.

Por eso, lo progresista es hoy defender la bandera constitucional. Y los que estáis contra esta España de todos sois ya los verdaderos fachas.

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