11 de febrero de 2019
11.02.2019
Murcia D. F.

Sobrecostes

El informe del Tribunal de Cuentas de los sobrecostes del AVE y el soterramiento pone en la diana un sistema de gestión que deja mucho que desear y que se utiliza en todas las esferas de la administración

11.02.2019 | 04:00
Visita institucional la pasada semana a las obras del soterramiento.

Un empresario de esta Región, que habló de ratas de alcantarilla en el Palacio Ribereño (refiriéndose al Ayuntamiento de Murcia), afirmó en tiempos pasados que un enviado de los gestores municipales le había conminado a que se retirara de un concurso ganado porque a la obra en cuestión le faltaba un millón de euros. Esa persona en cuestión, también antaño, al parecer negó la mayor y sostuvo en su defensa, en la esfera privada claro, que lo que pretendía tan ilustre maestro de la paleta de albañil es que luego le certificaran modificados y adicionales de obra para lograr ese dineral que había restado para llevarse el contrato de marras.

En cualquier caso, se hablaba de un sobrecoste del proyecto, que finalmente salió por el doble de lo inicialmente presupuestado. Es una vieja historia que viene a colación porque parece que esa táctica sigue siendo empleada y en grandes obras estatales que se supone que tienen mucho más control que cualquier otra iniciativa. Tantos funcionarios y empleados públicos vigilando y en la Región 'se la han metido doblada', como se dice coloquialmente, en los trabajos del AVE y del soterramiento en Murcia y en Cartagena.

Lo de la ciudad portuaria es calderilla comparado con lo de la 'capital del Imperio' (parafraseando a un crítico pedáneo), cuyo sobrecoste hubiera dado para hacer dos veces el soterramiento; la nueva estación del Carmen bajo tierra con un gran intercambiador de transportes públicos y grandes jardines y bulevares con el terreno en superficie sobrante. Nada más y nada menos que 400 millones de euros de sobrecoste. Un escándalo si hubiera alguien a estas alturas de la película con sensibilidad para rasgarse las vestiduras y decir 'basta ya'.

La conclusión del informe del Tribunal de Cuentas era un secreto a voces. En numerosas ocasiones, la oposición municipal ha denunciado que el proyecto que se está realizando al sur de la ciudad era un galimatías de contratos parcheados, remendados, modificados, etc. Solo en estudios se habría gastado ya por parte del Ministerio de Fomento y Adif la friolera de casi seis millones de euros (el dinero, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Murcia desembolsa en cada ejercicio en atender a los mayores en Ayuda a Domicilio, Teleasistencia, etc., o la mitad de lo que cuesta al año el tranvía).

El grupo que se ha aplicado con más profusión en seguir el sudoku del soterramiento y la llegada del AVE a la capital ha sido Ciudadanos, con Mario Gómez a la cabeza, que siempre ha clamado que esa iniciativa no era trigo limpio. De hecho, ponía un ejemplo bastante sencillo, pero contundente. Las arquetas de las obras costaban un 200% más que en cualquier obra. Veinticinco veces denunció ese sobrecoste sin que a nadie se le moviera ni una ceja hasta que ha venido el Tribunal de Cuentas a decirlo alto y claro, y con números.

Los sobrecostes son un método de trabajo (si se puede llamar así) que deja al descubierto las tripas y costuras de los proyectos y que ponen en peligro la financiación de las obras, tal y como está ocurriendo en todas las capitales españolas en las que se han iniciado trabajos de AVE y soterramiento.

En la Región y en la capital se han realizado cuantiosas obras en el pasado que han terminado costando mucho más de lo presupuestado o de lo contratado, una inercia que continúa en ciertos proyectos. El Tribunal de Cuentas está siempre vigilante y ha realizado un riguroso trabajo no solo en el AVE y en el soterramiento, también en las finanzas y el galimatías del aeropuerto de Corvera, la desaladora de Escombreras, las cuentas de la Comunidad, la aplicación del sistema educativo en Murcia y el funcionamiento del Servicio Murciano de Salud, entre otras cosas.

El problema es que nadie parece hacerle caso a esos informes del órgano fiscalizador que, con su nariz de sumiller, ha olido el tufillo que deja tras de sí una gestión pública que deja mucho que desear. Por nadie pase.

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