05 de febrero de 2019
05.02.2019
Amor a presión

Luces de colores

Algo pasa, en Murcia, con las luces de colores. Entre la iluminación de la pasarela Manterola, la del Tontódromo y la del paseo del río está la capi de un kitsch que a mí me recuerda a la elegancia y discreción de una sala de tragaperras de Uzbekistán...

04.02.2019 | 19:30
Luces de colores

Si a ti también te ocurrió las pasadas fiestas tener que ponerte las gafas de sol al pasear de noche por el centro de Murcia, esto te interesa: ni eras el único ni la culpa de tu resaca. Estos días ha trascendido que el presupuesto para luces de colores navideñas ha escalado hasta los 240.000 euros (más del doble, por comparar, de lo que gastamos en escuelas infantiles), cantidad bastante mayor (denuncian) de lo que aprobó la Junta de Gobierno para ese capítulo. Algo pasa, en Murcia, con las luces de colores. Entre la iluminación de la pasarela Manterola, la del Tontódromo y la del paseo del río está la capi de un kitsch que a mí me recuerda a la elegancia y discreción de una sala de tragaperras de Uzbekistán.

Pero no nos perdamos en esteticismos, que luego me llaman postmoderno. Vamos al fondo del asunto: siempre, pero es que siempre, hay algo detrás de un montón de luces de colores, reales o figuradas, y el mandato del alcalde Ballesta parece un muestrario de LEDs. Si me acompañáis, vamos metiendo el dedico en cada una y así, a trascartón, le repasamos la legislatura ahora que vienen urnas. ¿Sí o qué?


PARTICIPACIÓN. Si hay una palabra fetiche, en La Glorieta, es esa. Rara es la intervención de algún concejal (no digamos ya el alcalde) que no la incluya cuatro o cinco veces, normalmente junto a 'transparencia'. Pero, realmente, ¿estamos participando? No en los presupuestos, desde luego. ¿Dónde sí? Los tan traídos y llevados ADN Urbano, apuesta personal del alcalde, tienen de participación lo que yo de franciscano: si alguien me encuentra en alguna de sus webs los resultados de las consultas vecinales, la cantidad de la partida sujeta al resultado de las votaciones, la ficha técnica del proceso o (ya que estamos con la transparencia) el gasto en comunicación de todo el paripé prometo, aquí en público, afeitarme con mucho gusto la barba. Tengo twitter: @jdespejo. Dicho queda.


PUBLICIDAD INSTITUCIONAL. Ya que se mienta la bicha, un saludo desde aquí a la docena de periodistas encargados de comunicarnos lo bien que va todo. El millón extra de euros pactado entre PP y Cs para esta partida da sus frutos. No está claro ni que estemos cumpliendo con la reciente Ley de Comunicación y Publicidad Institucional en la Región de Murcia, que trata de limitar estos coloridos excesos, ni que la costosa propaganda vaya a darle otra alcaldía a su responsable, pero oye, vistosas son, las lucecicas.


MEDIO AMBIENTE. Especialmente vistosas son las lucecicas de color verde, y sin duda algunas de las actuaciones son positivas (y esperadas durante lustros): a destacar el aumento de carriles bici o la recuperación de meandros del Segura dentro del proyecto Murcia Río. Una lástima que aún recordemos los cuatro años de mirar hacia otro lado ante cada entubamiento de acequias o la inacción cuando en las pasadas fiestas alcanzamos el nivel 2 de alerta por contaminación ambiental.


CULTURA Y PATRIMONIO. Mucha, mucha pólvora de rey ardiendo aquí. Macroeventos everywhere. Escultura moderna (sic) colgando de los puentes, pero a poco que te acercas cual polilla al resplandor y rutilancia de la vida cultural de la ciudad te encuentras con que nuestras posiciones en el ránking se siguen hundiendo, que espacios como el Puertas de Castilla se han quedado sin presupuesto ni programación y que la rehabilitación de edificios emblemáticos (otro eje fundamental del Ballestato) no está claro que termine dotando a la ciudad de nuevos espacios culturales: el edificio de Correos lo está explotando una conocida empresa murciana del juego y seguimos sin conocer los usos que van a tener la Cárcel Vieja y el Cuartel de Artillería.


DESIGUALDAD. Toda esta smart city tope gama de tó por tó que nos tiene montada Ballesta tiene, claro, una cara B. Los barrios y pedanías no reciben ni una fracción de la inversión del centro (Tontódromo y alrededores). Ni un mal grafiti nos cae. Pero ey. No hagamos populismo. Si algo su-ble-va a nuestro alcalde es el populismo. Por eso, ha decidido promover en la ciudad la fabricación de la bandera de España más grande del mundo. La jugada maestra. El chollo padre. Si de lo que se trata es de tapar con ella cosas oscuras, claro. ¿Qué cosas oscuras? No sé, preguntadle a Roque.

En resumen: que sobran luces, en Murcia. Y faltan luces. Curiosa paradoja.

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