03 de febrero de 2019
03.02.2019
En la silla de pensar

Reivindicaciones mil

02.02.2019 | 19:23

Llega el tiempo de Carnestolendas, Introito, Carnaval o como queramos recordar que se llama este tiempo del año en el que las mamás empezamos a sufrir el calvario de pensar y en muchos casos elaborar en el disfraz que sus hijos e hijas van a llevar a la guardería o al cole y en el que las ciudades y pueblos intentan dar una mirada de humor y de sátira a la vida.

En mis muchos años de escolarización de mis hijos, se han disfrazado de caracol, de lagarto, de payasos, de forzudos, de botellas de vino, de lata de sardinas, de emoticonos, de gallinas, de indios, de elfos, de mejicanos? Todo precioso.

Este año seguro que los telediarios tendrán una sección en la que un reportero irá a una tienda de disfraces para saber cual va a ser el atuendo carnavalesco más demandado, pues habrá disfraces muy recurridos y facilones. Los de Donald Trump y Maduro harán subir las ventas de pelucas rubias, de maquillaje naranja y de chandals con la bandera de Venezuela. Tampoco fallarán en esa lista los tradicionales vestiditos de enfermera sexy, de diablesa sexy o el aclamado de monja sexy.

En la tertulia de mujeres, a la que asisto con rigor religioso todas las mañanas a eso de las diez y media, me han propuesto (entre risas de esas que se provocan cuando una no sabe si lo que quiere realmente es ponerse a llorar y montar un espectáculo en la cafetería), el disfraz de 'multirreivindicativa'. Este maravilloso traje carnavalero deriva de la necesidad que tenemos de opinar de todo y de definir nuestra posición sobre todo lo que pasa en el universo mundo. Con cada nuevo conflicto o nuevo tema de conversación en el café, sentimos la necesidad de posicionarnos, de estar de acuerdo en algo con todo el mundo y con todas las reivindicaciones por radicales que a veces nos parezcan.

Por eso y siguiendo las sabias indicaciones de mis compañeras en la lucha, paso a describir y a dar una pequeña receta de como debería ser, a mi entender, este disfraz que considero a la par barato y divertido. No tengo que decir que, como toda buena receta, queda abierta a las modificaciones que cada uno decida introducir, adecuándose a la petición, ruego o demanda a la que cada cual quiera unirse.

Como base de nuestro traje necesitamos un mono de licra de color morado feminista. Será la base ideológica sobre la que iremos construyendo nuestra multirreivindicación.

A continuación nos colocaremos un chaleco amarillo de esos que todos llevamos en el maletero del coche junto a los triángulos (no hace falta comprarlo, con ese que no has usado nunca vale). Este elemento, a su vez, también es multirreivindicativo en su ser, ya que vale tanto para apoyar a los taxistas como a los franceses que queman contenedores. Después, nos podremos al cuello un pañuelo rojo, como personas civilizadas que somos, y queremos manifestarnos, pero con glamour, que de eso los parisinos saben mucho.

En el pelo, podemos ponernos un lazo amarillo o en su caso el sombrerito ese que llevan los catalanes, pero que no me acuerdo como se llama. Esto es al gusto.

Añadiremos, en el caso de que el disfrazado sea mujer, un burka, pero modificado. Debe tener una abertura a la altura de los pechos para hacer un guiño a las Femmen, y en ellos nos haremos con una pintada tipo sangrienta, para que los animalistas y antitaurinos también estén representados. Añadiremos, unos calentadores arco iris, tipo Eva Nasarre, para incorporar a nuestro atuendo las reivindicaciones LGTBI, que quedan muy chic con el morado de los leggins.

En la mano derecha llevaremos un mazo o martillo de los que utilizan los jueces para dejar vistos para sentencia los juicios, y en la izquierda un megáfono por el que iremos coreando a intervalos distintas soflamas. A saber: ¡guerra, guerra, guerra! (que es la última moda), ¡nosotras parimos, nosotras decidimos! ¡no hay país para tanto chorizo! o la ya vieja rematada ¡yanky go home!

Dejo como opcional, pero para mí muy recomendable, añadir a nuestro atuendo unas cadenas o unos grilletes para, a la menor oportunidad encadenarnos a una valla o una casa consistorial, lo que nos pille más cerca. Si ya queremos ganar el primer premio del carnaval de nuestro pueblo, yo me agenciaría una caja de fruta en la que subirnos para hacer llegar a los vecinos nuestras multirreivindicaciones.

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